Tienes que hablarle a tu cuerpo; me dijo en una oportunidad María Gregoria, en la confianza de haber sido criadas como primas, aunque no lo fuéramos. Sencillamente no lo tomé en serio, aunque la escuché con mucha atención. Pensé en aquel momento que mi cuerpo tenía que saber lo que debía hacer; moverse caminar, pararse. Le hice el comentario a otra prima (tengo muchas gracias a Dios) María Angélica, que es psicologa y me dijo que si le hablaba a mi cuerpo lo hiciera con cariño. Luego de 3 años o como dirían los chamos ahora, tres doritos después, Paola, mi terapeuta volvió a poner el tema sobre la mesa diciéndome que debo escuchar a mi cuerpo.
Mi enmudecido cuerpo
Ante tantas opiniones de gente querida y calificada me enfoque en entender que hay un proceso de comunicación con el cuerpo que involucra el hablar con él y escucharlo. Entonces empecé la tarea. Me dediqué a escuchar mi cuerpo, pero no tuve ninguna respuesta. Aún cuando le preguntara, no decía nada. Comencé a preguntarle por qué me sentía como si tuviera una camisa de fuerza que no me deja mover los brazos y los hombros. También le pregunté por qué las piernas parecen estar atadas y cuesta tanto estirarlas para caminar o levantar los pies y hacer los movimientos. A veces siento que llevo un yunque pesado en cada pierna, por lo que el esfuerzo para dar pasos es mayor. No hubo respuesta. Esperé algunos días para ver si se animaba y me contaba algo. Agotaba mi paciencia, como cuando intentas que tu interlocutor te dé una respuesta que no quiere o no puede ofrecer.

Como periodista me acostumbré a hacer preguntas y a procurar por algún medio recibir la respuesta satisfactoria, pero mi cuerpo se ha convertido en un difícil entrevistado. Sugiere algunas cosas como una opresión intensa a nivel de cuello que limita el movimiento de la cabeza y los hombros se ponen tensos a punto de cuerda de violin. Entonces insisto: cómo hago para liberarme de esto?. Un nuevo mutis.
La realidad te aborda
Lo medite, lo revise y lo pensé para llegar a la conclusión de que nuestra comunicación había que construirla porque no existe. Tales de Mileto filósofo griego del año 624 a.C dijo que lo más difícil es conocerse a uno mismo.Yo no escuchaba mi cuerpo y mucho menos le hablaba. Las agotadoras jornadas de trabajo lo dejaban devastado, pero yo seguía sin detenerme frente a los objetivos laborales que debía alcanzar. En una primera etapa me dio fibromialgia, mi médico me dijo que era difícil de curar y yo la superé dedicándole tiempo a mi cuerpo. Terapias alternativa como masajes, aguas termales, jornadas relajantes en spa y altas dosis de vitamina B12.
Conozco casos de colegas que han llegado a sufrir el llamado ”latigazo de la muerte” o latigazo cervical, un dolor tan agudo que los incita al suicidio. Yo pude superar esta situación, gracias a Dios, sin llegar al límite citado. Atendí mi cuerpo con los recursos a la mano, aunque no hablaba con él. Eso ocurrió en la Venezuela de la década de los 90, dónde era posible disponer de estos recursos. A partir del año 2000 nuestra realidad se transformó radicalmente y es por muchos conocidos que apenas pudimos medio alimentarnos y obtener algunos medicamentos.
Las terapias alternativas se volvieron inalcanzables y solo nos quedaba la opción de ir a los centros de rehabilitación que había colocado el gobierno bajo la tutela de los cubanos, algunos muy dispuestos a ayudar y otros sin el conocimiento médico adecuado. Asistí a uno de ellos , donde había mucha amabilidad, pero no encontré la sanación que buscaba.

Tus pensamientos pueden engañarte
Al entrar en la condición actual, yo volvi a dedicarme a mí, en procura de todas estas respuestas, pero sin hablar debidamente con mi cuerpo. En defensa propia, sin ánimo de excusarme, entenderte contigo misma luce intrascendente, cuando debes enfrentar problemas básicos como falta de comida, agua, medicamentos, gas y electricidad. Ahora mismo mi cuerpo, mis emociones y mi mente están hechos una madeja de cosas y busco conectarlas. Qué opciones tengo?
No por casualidad llegó a mis manos el libro “No te creas todo lo que piensas” de Joseph Nguyen, quien expone de manera didáctica, los argumentos que nos permiten entender cómo como tu mente juega con tu cuerpo, ejerciendo tanto poder que puede sucumbir en el peor de los letargos o en el más duro proceso depresivo. Una vez evaluada la situación, con la ayuda de mi terapeuta, de mis amigos y de una serie de guías que trae el libro, empecé a desechar esos pensamientos negativos que desde bien temprano marcaban mi dinámica. A pesar de que comenzaba el día con oraciones de gratitud a Dios, debía enfocarme en evitar que ideas derrotistas me abordaran. No fue fácil, la perseverancia es imperativa, pero los resultados son la estabilización emocional y la mejoría en la calidad de vida. Dejar de pensar es lo que recomienda el autor y por ilógico que parezca funciona. Dejé de pensar en esos temas que te agobian y te producen miedo o estrés. Ahora dedico el tiempo ajustado para resolver y no quedarme dando vueltas en relación a una idea que no te deja nada. También antes de dormir hago un recuento de las cosas positivas del día y eso sin duda te anima para el día siguiente.

En cuánto a mi cuerpo, la paciencia y hablarle con amor como a los niños, ha permitido que atienda mi invitación a dialogar. Sabe que estoy dispuesta a escucharlo, a evitar la confusión y a entender dónde verdaderamente duele y por qué. Las tribulaciones están en el día a día, lo importante para mí es identificar realmente la causa. Es parte de encontrar la sanación que busco.


Así es, a veces no somos conscientes de cómo nos relacionamos con el cuerpo. Para mí sigue siendo un viaje, entender que esos momentos en los que sí me hago la loca el me habla de forma contundente, sin dejar nada por fuera.
EXCELENTE TEMA MI QUERIDA Y ESTIMADA AMIGA MARIA ELENA, TAMBIÉN SOY VÍCTIMA DE LA FIBROMIALGIA Y CONOZCO MUY BIEN CADA DOLOR PRODUCIDO EN CUALQUIER PARTE DEL CUERPO HOY DUELE AQUÍ Y YA MAÑANA ALLÁ Y MAYORMENTE DUELE TODO.
Este testimonio nos hace ver, que cuando el ser humano busca dentro si, esa fuerza que todos tenemos, podemos vencer muchas adversidades, es realmente grandioso.
Querida María Elena, se nos olvida tratarnos bien, con cariño, hablar con nuestro cuerpo cómo dices tú, no es fácil llevar un dolor o mucho dolor que ya no sabes cómo luchar con ellos…
Excelente tu tema
Saludis
Excelente amiga querida, el cuerpo nos habla y nosotros no lo escuchamos.
Excelente María Elena, gracias por atreverte a contar tu experiencia de vida. Dios te bendiga…
Estás hablando con tu cuerpo y con los que estamos ahora dispuestos a escuchar desde tu expresión, gracias por dar este paso tan sanador, Dios te bendiga y sigue adelante!!
Excelente testimonio, querida María Elena, cuando descubrimos que nuestro yo interno es el mejor interlocutor para hablarle a nuestro cuerpo, se nos abre un portal de comprensión que nos ayuda a superar barreras.
Gracias por compartir tus emociones, te queremos y te admiramos 🙏😍