El amor es la fuerza que mueve al mundo por eso digo segura que Dios es amor y acepto que es el sentimiento más complejo  del ser humano. De lo sencillo a lo profundo, de la percepción más natural al enredo más mundano.

Este sentimiento, que como el dinero y la tos es imposible de esconder, comporta un poder  sanador indescriptible. En ocasiones podemos endosarle consecuencias dolorosas, como aquello de morir de amor o los muy conocidos “guayabos”. Sin embargo esto no enturbia los efectos poderosos que el amor tiene en la salud. 

Lo entendí cuando empecé a practicar el amor propio, a ocuparme más de mí, respetar y valorar mi condición individual. Entrenada para servir, a veces confundí la misión que acepté, con una desproporcionada falta de valoración personal, cayendo en oportunidades dentro de la confusión entre lo que es el amor hacia uno mismo y el egocentrismo. En una profesión como la mía estamos a expensas de un reconocimiento, sin entender que debe partir de nosotros, reconocer lo que hacemos y cómo lo hacemos, con sincera humildad. 

Eso no significa que no agradezcamos lo que la gente valora en nuestro trabajo. Mi muy apreciada amiga Lucienne Sanabria a propósito de unos hermosos mensajes qué recibió cargados de amor y reconocimiento por sus dones artísticos me dijo: “Sobretodo en estos tiempos de tantas pruebas, retos, obstáculos que debemos  vencer a diario, este amor es un bálsamo que llega para calmarnos y recordar que todo lo hecho, por lo que tuviéramos que pasar, ha valido la pena”

El amor en los tiempos del cólera

 Al mencionar la palabra amor qué es lo primero que piensas? Lógicamente en una pareja. En este proceso reflexivo de sanación, acepté que para querer de verdad debía empezar por quererme a mí misma. Lo otro puede ser confundido simplemente con la necesidad de controlar a la pareja, al hijo, las amistades, a la vida. Y es que son muchos tipos de amor, por la familia, por la naturaleza, por las mascotas, por la paz. La fuerza del corazón nos lleva a manifestar todos estos tipos de amor.

Historias de amor llenan el planeta como por ejemplo “El amor en los tiempos del cólera”, un libro del magnífico escritor colombiano Gabriel García Márquez, que nos permite ahondar en el amor de los años 1800. Un hombre, Florentino decide amar a una mujer, Fermina, y espera más de 50 años por ella. 

La historia relata cómo la mujer prefiere casarse con el doctor más cotizado del pueblo y al quedar viuda volverá su mirada a un persistente amante qué prefirió esperar por años, hasta ver concretando su deseo de vivir con ella 

Eran tiempos de enfermedades como el cólera y este amor superó no solo la traba de sociedad, la economía, sino también la lucha por la salud. La pregunta que nos podríamos hacer es si tanto esfuerzo valió la pena, sobre todo cuando evaluamos los conceptos aplicables en el amor en el  nuevo milenio.

Amor y control 

Puedo hablarles desde mi experiencia propia sobre el amor enfocado en la pareja. Eran finales de 1900 y se trataba, en mi modesta opinión, de una lucha entre aceptar los parámetros que nuestras familias nos enseñaban o sencillamente romper esquemas. Tiempos de actualización y crecimiento para la mujer, chocaron con las creencias de qué debíamos soportarlo todo en el matrimonio. Muchas empezamos a predicar las bondades del divorcio.

No aceptamos que después de una formación profesional exigente, estuviéramos supeditadas a una relación donde cada paso fuera controlado por el marido, pareja que generalmente bajo el esquema patriarcal, tenía otras mujeres o le era normal practicar la infidelidad. Como persona productiva me enfocaba en alcanzar una relación dónde se privilegiara el equilibrio y la fidelidad antes que nada.

Nos enamoramos de nuestra pareja porque tiene algo especial por ejemplo es solidaria con otros o dispone equitativamente del dinero y nos gusta su manejo. Esta actuación puede cambiar y entonces comienza el proceso de desamor, porque ya deja de gustarnos. La química que nos atrajo parece acabar y entramos en la disyuntiva de que ya no todo es tan bueno.

En su libro “No creas todo lo que piensas” Joseph Nguyen señala que hay que crear y alcanzar el amor incondicional, para poder prolongar una relación. Si estamos en el amor aceptándolo como un estado de bienestar, paz y prosperidad, hay que dejar de poner condiciones.

Explica que podemos hacer una lista de las cosas que nos gustan en nuestra pareja, pero más allá de eso hay que entender que en cada etapa, debido a las experiencias vividas, se van generando cambios.

Amor de cristal

Cuando converso con los jóvenes, muchos de ellos en edades consideradas de la generación de cristal, como clasifican los psicólogos hoy en día, me doy cuenta que no están interesados primero en casarse y cuando logran una pareja no tienen como objetivos procrear hijos o ampliar una familia. El amor de cristal podría ser visto desde dos ángulos, o muy egoísta o por el contrario más consciente de su responsabilidades. 

Por un lado está el hecho de concentrarse más en la pareja y en el logro de sus objetivos comunes tanto a nivel profesional como amoroso. Eso los lleva a ser muy cuidadosos, incluso con la decisión de no tener hijos, bajo el argumento de que no se dispone del dinero o el tiempo adecuado para atenderlos. No juzgo ninguna postura, pero como defensora de la familia entiendo que esto limitará el crecimiento generacional.

Amor sin límites

En mis padres Elena y Epifanio tuve un ejemplo hermoso de amor, 57 años de matrimonio con múltiples enseñanzas.

El amor es un sentimiento que empodera, que nos da la fuerza para seguir adelante. Podemos ser hoy felices mortales imbuidos en la magia de un amor que nos lleva a soñar. También podemos ser mañana seres avasallados por el rechazo o la traición de quién creíamos era nuestra alma gemela. 

Precisamos entender el poder del amor desde dos fuentes primarias. La primera para mí, el amor a Dios, Él nunca falla, ni nos traicionará. La segunda el amor hacia nosotros mismos no podemos amar a otro cuando no tenemos la capacidad de amarnos. 

Nadie dispone de un manual para aprender a amar, pero existen orientaciones importantes cuando partimos de lo personal. Amarnos a nosotros mismos es cuidar nuestra salud mental, física y espiritual. Es procurar las decisiones más adecuadas y aprender de los errores. Creo firmemente en el amor filial, a nuestra familia, pero basado en el criterio de que no le harás a nadie lo que no te gusta que te hagan.

El amor y la gratitud están íntimamente ligados. Practicar el agradecimiento cada día nos llena de esperanza. Oigo recomendaciones de quienes dicen que hay que agradecer como si ya hubieses alcanzado el logro o el sueño planteado para que se haga realidad. Me parece que este ejercicio es gratificante

También oigo decir que el amor es una decisión, yo creo que es un don de Dios, al que llegamos muchas veces por ilusión, por deseo y hasta por compromiso.  Creer en su poder nos puede abrir el camino hacia la salud anhelada, validando su complejidad y aprendiendo todo lo que nos puede enseñar.

6 Responses

  1. Extraordinario, esto del amor lo has escrito con mucha sabiduría porque te ha salido del alma , lo que has sentido del amor a tu familia, a las amistades, al prójimo. Tus dotes de escritora te han salido estupendo. Dios te bendiga y te siga nutriendo de mucho amor sincero

  2. Muy hermosa reflexión y verdadera. El amor, con Saúl altas y bajas enriquece nuestras vidas nos da fortaleza. El amor a Dios y saber que el nos ama nos da seguridad. Y amarse a sí mismo es respetarse y no dejar que los demás abusen de nuestro amor. Amiga, Dios te bendiga eres el ser mas amoroso y mas amado en mundo…

  3. Cuántos errores hemos cometidos por falta de amor. Gracias a Dios que Él nos perdona cuando rectificamos y reconocemos nuestros errores, encaminados más adelante hacia la sensatez. Todos hemos pasado por experiencias similares pero el legado de Dios nunca desaparece y es retomado por cada ser humano que reconoce en el amor la esencia del alma. Te felicito colega y amiga por abordar este tema tan importante. Dios te siga abrazando con todo su amor 🤗

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