CAP: Democracia con energía

Por: Pedro González Silva

Cuando Carlos Andrés Pérez resultó electo en 1972 como candidato presidencial de Acción Democrática, no era el favorito en Venezuela. En aquel momento AD estaba en la oposición, y el gobierno de Copei, encabezado por Rafael Caldera tenía buena imagen.

Copei se había adelantado y en marzo de ese año 72, había seleccionado a su abanderado presidencial, Lorenzo Fernández, quien desde enero había iniciado una intensa gira por todo el país, y mostraba una imagen de hombre bonachón, conciliador, y que como ministro de Relaciones Interiores había logrado la pacificación con la guerrilla de izquierda.

En cambio, Carlos Andrés Pérez, quien había ejercido el mismo cargo de ministro en el gobierno de Rómulo Betancourt, tenía una imagen de hombre duro, antipático, de “policía”, que se había destacado por masacrar guerrilleros, por lo que, en la “guerra sucia” de epítetos de carácter electoral, lo calificaban de “asesino”.

Por eso, al principio, la gente veía a CAP con cierto recelo, y dudaban de que un hombre como él, que generaba antipatías, pudiera ganar las elecciones en 1973.

Sin embargo, de esas aparentes debilidades, sus asesores de campaña lograron sacar grandes fortalezas. AD contrató al asesor de imagen Joe Napolitan, entre los más destacados expertos electorales, y de la imagen ruda de CAP, sacó un gran eslogan que “pegó” durante toda la campaña: Democracia con energía.

Y basado en esa cualidad, que no era fingida o inventada, sino parte de la personalidad del
candidato, desarrolló toda la campaña: un hombre enérgico capaz de realizar grande caminatas por todo el país, lo que le valió su segundo gran eslogan, que también se convirtió en un pegajoso jingle: “Ese hombre sí camina…”

Con vestimenta a la moda, casual, camisas llamativas, Carlos Andrés recorrió el país a pie, y dando muestra de su energía física, transitaba por los rincones más apartados y no se detenía por obstáculos; brincaba charcos, trotaba, su actividad era frenética.

Tato pegaron sus caminatas, que su campaña estampó en las calles unas huellas grandes de zapatos, que representaban las pisadas de Carlos Andrés, y por donde quedaban estampadas esas huellas, en algún lugar cercano se veía la pinta: “Por aquí pasó Carlos Andrés”.

El candidato sacó a relucir su carisma personal, su simpatía, entusiasmo contagiante que despertaba en su gran masa de seguidores, verdadera efervescencia.

En el tramo final de la campaña, salió publicada una encuesta de la transnacional Gallup, con cifras impactantes, dando cuenta de la amplia ventaja que llevaba Carlos Andrés Pérez sobre Lorenzo Fernández, y una vez conocidos los resultados, se pudo comprobar que la encuestadora había sido bastante acertada, pues CAP arrasó con más de dos millones de votos, frente al millón y medio del abanderado copeyano.

Los primeros años de gobierno de CAP fueron tan impactantes y frenéticos como su campaña electoral. Su programa de gobierno se denominaba “Hacia la gran Venezuela”, y en concordancia con el nombre, las acciones gubernamentales apuntaban a grandes objetivos de desarrollo, grandes inversiones, y liderazgo internacional.

Sin embargo, en sus últimos años de gestión, se sintió cierto desgaste, producto del excesivo endeudamiento y el estallido de casos de corrupción, por lo que AD perdió las elecciones de 1978, aunque con resultados muy parejos.

Una vez deja el gobierno, CAP entra en un período difícil, donde es acusado por un caso de corrupción, por la venta de un barco llamado “Sierra Nevada”. El Congreso le hace un juicio político y uno administrativo. Pierde el político, pero sale ileso en el administrativo, que era el más importante, pues si lo hubieran declarado culpable, había quedado inhabilitado para ejercer nuevos cargos públicos.

Sin embargo, la imagen de CAP queda bastante golpeada, y además, pierde el control del partido, del cual se adueña Jaime Lusinchi, quien primero logra la secretaría general de AD y luego la presidencia de Venezuela en 1983.

Lusinchi, con el férreo control de AD, diseña una manera de escoger el candidato donde la estructura partidista domine, y lanza como precandidato a su ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage, quien se ufana de contar por lo menos con el 72% de apoyo de la maquinaria partidista.

CAP, quien no oculta sus intenciones de aspirar nuevamente a la presidencia, parece estar en franca desventaja ante la maquinaria de Lusinchi, sin embargo, confía en su carisma y liderazgo, y se lanza al ruedo, y se somete a los colegios electorales ideados por Lusinchi. “El gocho para el 88”, decían sus múltiples seguidores.

Sin maquinaria, CAP revoluciona las bases partidistas e impacta al país entero con su carisma; es el mismo hombre enérgico que lucha para imponerse a situaciones adversas, y lo logra de manera impresionante al arrasar en los colegios electorales y convertirse nuevamente en el candidato de AD.

En su nueva campaña, el hombre que camina mantiene su eslogan, pero le agrega otro elemento que le es característico: el agitar los brazos como aspas se convierte en un nuevo símbolo, acompañado de un jingle que reza: “Esas manos que ves, son las de Carlos Andrés”, y también se acompaña con un muñeco de cartón con la imagen de CAP con un mecanismo que permite mover sus brazos, imitando su conocido saludo.

Esa imagen de hombre imbatible que vence las dificultades más adversas, quedó plasmada en otro muñeco inflable con la imagen de CAP, que funcionaba como un “porfiado”, con el lema: “No lo tumba nadie”.

El candidato de Copei, Eduardo Fernández, quien venía de derrotar al líder del partido, Rafael Caldera, y se mostraba como el representante de las nuevas generaciones, el “presidente nuevo”, y joven, apeló a identificarse como un “Tigre” para equipararse a la imagen enérgica de Pérez, sin embargo, tal imagen no combinaba con su personalidad, y el producto derivó en una gran falta de credibilidad.

Por otra parte, y bajo los viejos jingles del hombre que camina y los nuevos de las manos agitándose, el electorado sintió la nostalgia de los buenos tiempos de la “gran Venezuela”, y los petrodólares, y se volcó a votar masivamente por CAP, quien logró un apabullante triunfo en 1988.

La ilusión de la gran Venezuela contrasta en 1989 con el paquete de medidas económicas que hubo de tomar su gobierno y que trajo el “sacudón” de febrero.

CAP venció a dos intentos de golpe en 1992, pero sucumbió en mayo del 93 al ser destituido por la Corte Suprema de Justicia, por un caso de mal manejo de la partida secreta. CAP, al ser destituido lanzó su célebre frase: “Hubiera preferido otra muerte”.

Parecía que su carrera política había acabado, incluso, su partido AD, lo expulsó. Sin embargo, logró una última hazaña: creó el movimiento Apertura, y se postuló en 1998 como candidato a Senador por Táchira (él había sido despojado de su senaduría vitalicia que le correspondía como expresidente) y fue electo en un momento en que el chavismo insurgía con fuerza, lo que constituyó su último triunfo electoral.

starpetrvs@gmail.com

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