Alberto Solano, el primer “bolivariano”

Por: Pedro González Silva

Cuando Hugo Chávez insurgió aquel 4 de febrero de 1992 enarbolando la bandera del bolivarianismo, tal vez no sabía que mucho antes que él, un estudiante ucevista de derecho también querría llegar al poder, inspirado en la imagen y las ideas de Simón Bolívar.

En efecto, el joven Alberto Solano, quien había sido cadete, se sentía predestinado para repetir las proezas del padre de la patria, y se sentía infundido de una enorme inspiración por las ideas nacionalistas y bolivarianas.

Solano fundó un partido denominado Movimiento Libertador en 1968, sin embargo, no logró legalizarlo. No obstante, insistió en su empeño, y por fin en 1973, logró constituir un partido político e inscribirlo en el Consejo Supremo Electoral (CSE) denominado Fuerza Emancipadora (FE).

Estando en quinto año de derecho, con 36 años de edad, inscribió su candidatura a la presidencia de Venezuela, defendiendo sus ideas nacionalistas y bolivarianas, inspirándose también en las ideas del líder colombiano asesinado en su mejor momento político: Jorge Eliézer Gaitán, y usó como lema de campaña una frase del citado personaje: “De pie, o muertos, nunca de rodillas”.

Solano había escrito un libro que serviría de plataforma programática para su candidatura: “Así se toma el poder” En sus propuestas, atacaba férreamente la corrupción administrativa, y proponía una nueva gesta libertadora, esta vez en el plano económico.

Su campaña fue muy modesta, apenas logró sacar unos volantes en blanco y negro fotocopiados, y algunos pequeños avisos de prensa. Los grandes medios televisivos no lo mencionaban. Finalmente, los resultados electorales lo colocaron de último entre 12 aspirantes, logrando apenas unos 1600 votos.

La notoriedad que no logró en la campaña, la logró después del proceso electoral, por acudir el CSE a denunciar que le habían hecho fraude, y que las elecciones las había ganado él, y no Carlos Andrés Pérez.

Los medios televisivos, con cierto tono picaresco, dieron cuenta de este hecho, como quien narra un hecho insólito.

Alberto Solano, luego de este episodio no se quedó tranquilo, escribió y publicó en 1974 un libro titulado “El gran fraude electoral de 1973”.

Para 1978, intentó nuevamente ser candidato presidencial, pero no logró inscribir a tiempo su candidatura, sin embargo, logró registrar nuevamente en el CSE a su partido Fuerza Emancipadora, que participó en los comicios sólo para el parlamento nacional, pero con exiguos resultados.

A todas estas, Solano, a la par de sus aspiraciones políticas, se dedicó, una vez graduado, al ejercicio del derecho, y encauzó su profesión en ayudar a las clases humildes, ayudando a la gente a conseguir terrenos para construir sus pequeñas viviendas; es así como logró crear barrios enteros, especialmente en el estado Aragua. Uno de esos barrios fue bautizado con su nombre: “Alberto Solano”.

Solano era una especie de José Gregorio Hernández del derecho, lo único que pedía a cambio era que la gente que ayudaba se inscribiera en su partido, y así fue logrando alguna militancia en los sectores populares.

Solano insistía en sus aspiraciones presidenciales guiado por sus ideas bolivarianas, y tenía la mirada fija en 1983.

Logró inscribir su candidatura para ese año. Hizo campaña “con las uñas”, tenía propaganda represada en las imprentas por no tener cómo cancelarla, sin embargo, mantenía firme su candidatura y el apoyo de los escasos miembros de su partido Fuerza Emancipadora (FE).

A finales de esta campaña, vivió uno de los momentos más pintorescos, de su candidatura. Planificó la toma del Esequibo, para recuperarla. Organizó su gente, concentrada fundamentalmente en Aragua, y todos, aparentemente, estaban convencidos en salir a una
riesgosa expedición hacia la Guayana Esequiba, para “recuperarla”, en una gesta digna de
nuestro libertador Simón Bolívar.

Tan convencido estaba de realizar esta acción, que dio unas declaraciones al vespertino El Mundo”, anunciando la toma del Esequibo.

El cálculo era que, con esa acción, la candidatura de Solano estaría en el “ojo del huracán”, y lo catapultaría en las encuestas, que, hasta ese momento, arrojaban malos resultados para él.

Cuando llegó el día de iniciar la expedición, Solano encontró que la gran mayoría de su equipo de campaña se había emborrachado en una fiesta, por lo que apenas logró que tres amigos partieran con él a la aventura.

Se fueron por tierra, lo que constituyó una verdadera odisea. Atravesaron un río y finalmente llegaron al puesto fronterizo del Esequibo, el 26 de noviembre de 1983.

Cerca del puesto fronterizo donde estaban los soldados venezolanos, y apenas rozando el territorio Esequibo, Solano y su equipo, “tomaron posesión” del lugar. Como buen abogado, redactó un acta en el que constituía el “estado Piar”, y procedió a colocar una bandera de Venezuela en el territorio.

En aquel momento, Alberto Solano se sentía plenamente como heredero de la gesta de Bolívar, y además, estaba emulando la toma heroica del Esequibo que en 1969 realizó Valerie Paul Hart, conocida como el levantamiento de Rupununi.

Solano aseguraba a sus amigos que ya su candidatura era lo de menos, que lo importante era la gran gesta libertaria que estaban emprendiendo.

Uno de los miembros del equipo de Solano se acercó a hablar con los soldados venezolanos, y tuvieron una afable charla hasta que el personaje en cuestión, de nombre Gilberto, les dijo a los soldados que le prestaran un fusil, y hacía gestos con las manos como si fuera a dispararle a los soldados guyaneses.

A partir de allí, los soldados le pidieron al miembro del equipo de Solano que se retiraran de la zona, ante lo cual, todos tuvieron que abandonar el lugar.

De regreso, ya de noche, se les espichó un caucho, y empezaron a preocuparse por la presencia de animales salvajes; intentaron dormir dentro del carro, pero entre el calor y los zancudos, no podían conciliar el sueño.

Pasó una camioneta y le pidieron ayuda al conductor, quien intentó venderles el caucho de repuesto. Pero no tenían dinero. Solano le lanzó un discurso bolivariano y apeló a su solidaridad, por una causa nacionalista, pero esto enfureció al chofer de la camioneta, quien se fue sin ayudarlos.

Viendo el peligro de quedarse varados en medio de esa selva, el comando de Solano decidió colocar una barricada con palos, en la vía, para obligar a quien por allí pasara a ayudarlos. Volvió a pasar la misma camioneta, y el equipo de Solano lo abordó con un cuchillo para obligarlo a que les diera el caucho, ante lo cual, el chofer accedió a “prestarlo”.

Así lograron regresar los miembros de Fuerza Emancipadora de su expedición. Los medios reseñaron el hecho como una anécdota curiosa más de un excéntrico candidato presidencial.

Al cierre de la campaña electoral, en el habitual programa que por el canal del Estado tenía el CSE con todos los candidatos, a los que se les daba un minuto para enviar su último mensaje al electorado, Alberto Solano mencionó su gesta en el Esequibo como su gran proeza de campaña.

Sin embargo, su aventura no dio los frutos esperados, y nuevamente obtuvo una muy baja votación, de unos 1700 votos.

Desde aquel entonces, Solano no ha podido ser más candidato presidencial. Las redes no dan señales de su existencia. Lo último que se supo de él fue a través de twitter, red social en la que abrió una cuenta en 2012.

La cuenta se puede conseguir todavía: tiene apenas tres seguidores, y la usó un solo día. En ella, podemos ver que, a la fecha, mantenía sus aspiraciones presidenciales. En varios tuits, dirigidos a Hugo Chávez, se presentaba como candidato presidencial para 2012, por el “verdadero bolivarianismo”.

starpetrvs@gmail.com

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