Proteccionismo y aranceles

Por: Pedro González Silva

En los años 70, Venezuela tenía un sistema económico proteccionista bastante radical. Estaban prohibidas las importaciones, así que era obligado comprar productos nacionales de todo tipo. El lema de aquel entonces era: “Compre venezolano”.

La idea era proteger a la industria nacional, evitándole tener que competir con productos foráneos que le quitaran clientes a nuestras empresas. Sin embargo, al no tener competencia, se perdía en muchos casos el estímulo a ofrecer productos de calidad, y tampoco había estímulo para competir entre las mismas empresas nacionales, a ver quién ofrecía mejores precios, sino que los “cartelizaban”, es decir, las empresas se ponían de acuerdo y ofrecían los mismos precios.

Cuando se comenzaron a permitir las importaciones, llegaron los productos de afuera, pero con un precio más elevado que el producto nacional, porque además de los costos por traslado, debían pagar para traerlos un “arancel”, es decir, un impuesto que les cobraba el gobierno.

Sin embargo, en nuestra Venezuela de antes, adquirir un producto “importado” era sinónimo de estatus, así que muchos venezolanos pagaban con gusto un mayor precio, por obtener un producto importado.

Por ejemplo, alguien adicto a los discos musicales (los antiguos LP de acetato), podía optar entre comprar un disco de Los Beatles hecho en Venezuela, o comprar el hecho en EEUU; el nacional costaba 28 bolívares de los de antes, y el importado 45 bolívares, y era el mismo disco, ah, pero el importado “sonaba mejor”, tenía menos fallas de elaboración, y traía los diseños de portada “originales”.

Igualmente ocurría con muchos productos, como ropa, calzado y exquisiteces. Entonces se creó el Puerto Libre, lugares como la isla de Margarita, donde los productos importados no pagaban arancel, y podías comprarlo mucho más baratos.

Luego Venezuela se fijó la meta de convertirse en país exportador (más allá del petróleo) y para hacer que sus productos fuesen competitivos, tuvo que negociar a fin de que no le cobraran tantos aranceles, y a cambio, los productos importados también recibirían descuentos, por lo que un producto importado ya sería más accesible, pero a la vez, las empresas nacionales tendrían que “ponerse la pilas” para competir de tú a tú con los foráneos. Así se fue acabando el “proteccionismo”.

Esa misma situación se ha dado a nivel mundial; los países han fluctuado entre políticas proteccionistas y políticas “globalizadoras”.

La tendencia mundial era a la globalización, donde los países no se cobraban mutuamente tantos aranceles, e incluso establecían “zonas libres”, y por tanto, todos los países tenían productos de diversos lugares del mundo, compitiendo entre sí.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU está haciendo tambalear la tendencia globalizadora. No es lo mismo que un país pequeño decida proteger su industria nacional, a que lo haga la primera potencia del mundo. El impacto es mucho mayor.

Para Trump, el gran “coco” es China. El fuerte crecimiento de la industria china y la expansión de sus exportaciones, lo ha preocupado notoriamente. Por eso busca proteger la industria estadounidense de la competencia china y también de los europeos.

El problema es que EEUU es también un gran exportador, y si le cobra altos aranceles a los demás para proteger su industria, los demás responden de igual manera, y si bien China puede verse perjudicada porque sus productos se encarecen en EEUU, puede beneficiarse en otros países que les abrirán puertas a sus productos, ante la actitud hostil de EEUU.

Por lo menos aquí en Venezuela, ha sido evidente la cada vez mayor presencia de productos “made in China”, cuando antes, hablar de “producto importado”, era casi que hablar de “producto estadounidense”.

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