Germán Borregales: La verdadera “ultraderecha”
Por: Pedro González Silva
Germán Borregales y su partido, el Movimiento de Acción Nacional (MAN), pueden considerarse como la verdadera “ultraderecha” que ha existido en Venezuela, aunque sus tres candidaturas presidenciales no hayan sido tomadas en serio, y las hayan clasificado en la categoría de “candidaturas folclóricas”.
Se entiende por candidaturas “folclóricas” no sólo aquellas que cuentan con poco apoyo popular, sino que además tienen un perfil “desfachatado” o que realizan acciones que se prestan a burlas, etc.
Por ejemplo, en Venezuela tuvimos un candidato presidencial “brujo”, que como acto de campaña realizó un “ensalme” en una plaza, con tabaco y todo; hubo otro que se lanzó como candidato porque soñó que le ponían la banda presidencial, y hubo otro que se fue al esequibo a clavar una bandera de Venezuela; también se hizo famosa la candidata que tenía su comando de campaña en su tienda de provincia… todos ellos le daban cierto “sabor” a las contiendas electorales, el toque de “humor”.
Tal vez Germán Borregales fue considerado folclórico, en principio por su aspecto físico y vestimenta. Era un hombre muy alto y robusto, vestido muy a la antigua: usaba siempre corbata de lacito, pelo engominado hacia atrás, lentes bifocales bastante gruesos, en fin, podría considerarse que tenía imagen de “pingüino”.
Así mismo, por su manera de ser polémica, sus posiciones extremas y obsesivas, y por ciertas actuaciones fuera de lo común (por ejemplo, veía platillos voladores), Don Germán no era tomado muy en serio en la opinión pública, además de que sus aspiraciones políticas estaban plagadas de fracasos electorales. No obstante, fue muy persistente, tanto en sus ideas, como en sus aspiraciones.
Pero lo que menos se ha destacado de este venezolano es su trayectoria y preparación; ha sido subestimado por la historia, y si analizamos bien sus ideas y planteamientos, podríamos decir que Germán Borregales fue un visionario. Veamos porqué.
Fue el primer periodista venezolano con estudios académicos universitarios; cuando en el país no había estudios de periodismo, él se graduó en esta carrera en Ginebra, Suiza, y luego hizo un posgrado en la Universidad de Columbia, EEUU.
Ejerció el periodismo en diversos medios venezolanos, entre ellos en el diario La Religión, a la vez que incursionó en política en el embrión de lo que luego sería Copei: la Unión Nacional Estudiantil, que luego pasaría a ser el partido Acción Nacional, el cual lo postuló sin éxito, como concejal primero y luego como diputado.
Estuvo en Copei como independiente, pero se fue alejando del partido, pues según su visión, los copeyanos estaban dejando de lado su postura anticomunista, y adoptando una posición más tolerante con la izquierda.
Borregales mantenía una firme postura anticomunista y católica, se opuso firmemente a la junta de gobierno que encabezó AD con los militares, lo que le valió cárcel y expulsión del país. También había sido muy crítico del gobierno de Medina Angarita, por haber permitido la legalización del Partido Comunista.
Lo que lo terminó de alejar de Copei, fue la participación de este partido en el Pacto de Punto Fijo de 1958; Borregales opinaba que Rómulo Betancourt había “engatusado” a Caldera y que la participación de Copei en el gobierno de AD, fue “una ignominia”.
Es así como en 1960, Borregales, inspirado en el nombre que había usado anteriormente Copei, funda el Movimiento de Acción Nacional (MAN), cuyo símbolo fue la cruz de Santiago Apóstol. Su color electoral el gris, y su ideología de extrema derecha, denominada “nacional-catolicismo”. Su lema era: “Ni comunismo ni hambre; el MAN salvará a Venezuela”.
En mayo de 1963, la asamblea nacional de su partido decidió postularlo como su candidato presidencial. Su primer acto de campaña fue enviar una carta a los demás candidatos (Leoni, Caldera, Villalba, Uslar, Larrazábal, y Ramos Giménez) diciéndoles que quien manifestara asumir una postura anticomunista, él estaría dispuesto a renunciar y apoyarlo, siempre y cuando, además, se garantizara la participación del MAN en el gobierno.
Ninguno de los aspirantes respondió la carta de Borregales, por lo que decidió seguir adelante con su candidatura presidencial. En su campaña emitió juicios muy críticos contra algunos de los candidatos rivales: a Caldera le dijo embustero por ofrecer “100.000 casas por año”, a Leoni le dijo otro tanto por ofrecer miles de hectáreas a los campesinos; a Uslar le sacó en cara haber permitido la legalización del PCV en el gobierno de Medina.
En las elecciones de 1963 Borregales sacó unos 9.000 votos, y para el Congreso su partido logró 15.000 votos; y necesitaba 17.000 para que Borregales hubiese quedado diputado. El MAN impugnó los resultados ante el Consejo Supremo Electoral, pues alegó que le robaron los votos, y que sí había sacado más de 17.000 votos. Por eso a principios de 1964, el MAN escenificó una protesta frente al CSE, exigiendo que le reconocieran la diputación a Borregales, pero eso no ocurrió.
En 1968, el MAN volvió a postular a Don Germán como candidato. Para esa fecha Borregales, autor de varios libros, publicó su obra: “Copei hoy, una negación”, en la que acusaba al partido verde de acercarse cada vez más a los comunistas.
Desde este punto de vista, Caldera fue el adversario contra quien más la emprendió Borregales, aunque también fue especialmente crítico con Luis Beltrán Prieto y el MEP.
Borregales tenía gran animadversión contra las posturas anticlericales que sostuvo Prieto cuando fue ministro de Educación, y consideraba muy negativa la influencia de las ideas del MEP en el sistema educativo venezolano.
En las elecciones de 1968 tuvo Borregales su primer éxito electoral. Aunque apenas logró 12.000 votos (obtuvo más apoyos que en el 63), en la tarjeta para el Congreso el MAN logró 24.000 sufragios, y por fin, Don Germán pudo quedar electo por cociente nacional como diputado al Congreso.
Como parlamentario presidió la comisión de asuntos indigenistas y fue vicepresidente de la comisión de asuntos sociales. Entabló una polémica con un columnista que escribió en El Universal que Borregales no hacía nada como diputado; el aludido respondió que la gran prensa no reseñaba lo que él hacía como parlamentario.
Para 1973, Borregales presentó por tercera vez su candidatura presidencial. Acusó al candidato de Copei, Lorenzo Fernández, de haber “enguerrillado” al país con su política de pacificación, y permitiendo la legalización de los comunistas. A Carlos Andrés Pérez lo llamó “demagogo”, y por supuesto, combatió a las candidaturas izquierdistas de ese momento: la de José Vicente Rangel y la de Paz Galarraga.
Para ese entonces, Borregales protagonizó uno de esos actos de campaña que podrían clasificarse como “folclóricos”. Recibió el respaldo de Francisco de Paula Pedroza, un albañil que “lanzó” su candidatura presidencial, creando un partido que no logró legalizar, y que bautizó “El refugio de los venezolanos” y que luego rebautizó como “Partido Legalista”.
La sede del “partido” estaba ubicada en la humilde vivienda de Pedroza en el populoso sector de Caño Amarillo, en Caracas. El “candidato” también vestía a la antigua, con sombrero de pajilla, y un saco algo desgastado.
Ante la imposibilidad de inscribir su candidatura, Pedroza anunció su apoyo a Borregales; el “pacto político” contemplaba que al ganar la presidencia, Borregales designaría a Pedroza como gobernador de Caracas.
En esas elecciones, el candidato del FND (el partido de la campana), Pedro Segnini La Cruz, había dado de qué hablar al hacer su campaña electoral subiéndose a autobuses públicos. Borregales y Pedroza, en respuesta, afirmaron que ellos harían la campaña “en burro”, porque no tenían ni para el autobús.
Aunque normalmente los medios no le daban gran centimetraje a la campaña de Borregales, en ocasión del pacto con Pedroza, tuvo una gran cobertura.
Los resultados fueron desalentadores para el MAN en el 73: Borregales retrocedió a 9.000 votos, y para el Congreso no tuvo el respaldo logrado en el 68, por lo cual Don Germán no logró ser reelecto diputado.
Ante tales resultados, Borregales anunció su retiro de la política y la disolución del MAN, y se dedicó a obras sociales en su natal estado Falcón, y continuó escribiendo libros, entre ellos sus memorias políticas, con su propia editorial.
Borregales se mantuvo firme en sus convicciones hasta su muerte en 1984. Su obsesión anticomunista era férrea, y afirmaba que los comunistas estaban infiltrando todas las instituciones del país.
En aquel tiempo, todos consideraban disparatadas, o por lo menos exageradas, las aseveraciones de Germán Borregales; sin embargo, hoy día, tal vez podríamos decir que fue un visionario al que nadie le creyó.
¿Quién diría que Caldera sería candidato presidencial en 1993 con apoyo de la izquierda, entre ellos el PCV, MAS y MEP? ¿Y quién diría que la izquierda tenía infiltrada las Fuerzas Armadas y así se dio la insurrección del 4 de febrero? No eran tan disparatadas las advertencias de Don Germán…
starpetrvs@gmail.com
