Los “fenómenos electorales”

Por: Pedro González Silva

Un candidato presidencial entra en la categoría de “fenómeno electoral”, cuando, sin haber hecho carrera política, de pronto incursiona y sorprende con una alta votación. Generalmente es un independiente, o alguien que forma un partido poco antes de las elecciones, y logra atraer el entusiasmo de buena parte del electorado.

Claro que hay excepciones, y en ocasiones, un político de carrera también puede convertirse en un “fenómeno electoral”, bajo condiciones especiales.

Hay candidatos que han intentado convertirse en “fenómenos electorales” y obtienen resultados decepcionantes, porque un “fenómeno” rara vez se fabrica; surge repentinamente y en el marco de una situación político-electoral que le es propicia.

Por ejemplo, en los tiempos en que existe la polarización electoral, es difícil que surja un “fenómeno”, estos surgen en momentos en que se está resquebrajando un sistema polarizador, o cuando está surgiendo un nuevo modelo, y todavía no se consolidan las opciones partidistas.

Por ejemplo, en 1947, cuando ganó AD con Rómulo Gallegos, el comportamiento electoral era parecido al de México, en los tiempos en que el PRI siempre ganaba las elecciones. En ese tiempo era difícil que surgiera un “fenómeno” que le disputara a AD la supremacía; de hecho, el fenómeno era AD, que pasó a ser un partido de mediano tamaño a un gran partido de masas, luego de llegar al poder mediante el derrocamiento de Isaías Medina.

En aquel tiempo AD tuvo un “estirón” y creció electoralmente de manera abrupta, algo muy distinto a la historia de Copei, que fue creciendo poco a poco hasta llegar al poder en el 68.

En 1958, la opción tradicional y que resultó ganadora, fue la de AD, con Rómulo Betancourt. Wolfgang Larrazábal, presidente interino de Venezuela, se convirtió en “fenómeno electoral” como producto de la proyección lograda como mandatario temporal; no tenía carrera política, era independiente y con gran carisma, militar recién retirado, y logró 900 mil votos, además de triunfar en Caracas y zonas centrales del país.

Sin embargo, el “fenómeno Larrazábal”, fue ayudado por el apoyo de URD, cuyo líder, Jóvito Villalba, contaba en ese momento con gran apoyo popular.

En cambio, quien entró en la categoría de “fenómeno electoral” propiamente dicho, fue Arturo Uslar Pietri en 1963. Uslar estaba dedicado a sus actividades intelectuales, y a conducir por TV un espacio de corte cultural. Unos 18 años atrás había participado del gobierno de Medina Angarita y militado en el partido oficialista PDV, pero ya tenía muchos años alejado de la política, y era independiente, cuando en 1963 surgió su candidatura.

Fue candidato a “última hora” con grupos de independientes que se integraron en la organización Independientes Pro Frente Nacional, que adoptó como símbolo electoral una campana.

Uslar Pietri se presentó como el candidato de los independientes y ese fue el motivo central de su campaña, al señalar que el país necesitaba a alguien con independencia de vínculos partidistas, para poder hacer un gobierno de unidad nacional. Su lema de campaña fue “Arturo es el hombre”, y sus propuestas eran de corte liberal, defendiendo la libertad económica y criticando la excesiva participación del Estado en los asuntos económicos del país.

Sin “maquinaria” partidista, Uslar Pietri logró sacar más de 460.000 votos, y ganó en Caracas, por lo que su recién formado partido (que luego se transformó en el FND), logró dominar los concejos municipales de Caracas, y del Distrito Sucre del estado Miranda.

En el 68, dos “fenómenos”: Uslar (FND) y Larrazábal (FDP) se unieron con URD y Jóvito Villalba (líder de carrera), para intentar “crear” otro “fenómeno” independiente, como fue Miguel Ángel Burelli Rivas, sin embargo, la alta votación que obtuvo (más de 800.000 votos, fueron producto de la suma de estos partidos, más que del arrastre del candidato.

En cambio, quien sí fue un fenómeno en el 68, fue Luis Beltrán Prieto, quien se separó de AD y fundó el MEP poco antes de las elecciones, y logró obtener con su propio liderazgo, más de 700.000 sufragios.

En los tiempos de gran polarización electoral entre AD y Copei, no hubo espacio para fenómenos. En el 73, todos creían que José Vicente Rangel y el MAS serían el “fenómeno”, pero se llevaron la gran desilusión al no alcanzar ni siquiera el 5% de los votos.

En el 78, surgió la candidatura del famoso animador de TV, Renny Ottolina, quien amenazaba con convertirse en el fenómeno de esa elección, al aparecer con una alta intención de voto en las encuestas, sin embargo, su muerte en un accidente aéreo dejó la interrogante de si realmente se iba a convertir en el “fenómeno electoral” del momento. Dejó para la posteridad su partido recién fundado: MIN, que participó para el Parlamento, pero sólo sacó 80.000 votos.

En esas elecciones, Diego Arria, ex gobernador de Caracas en tiempos de Carlos Andrés Pérez, intentó capitalizar los votos de Renny y convertirse en el “fenómeno”, en una campaña con bastantes recursos, donde se presentaba como el candidato independiente. Sólo obtuvo 90.000 votos.

En el 83, Jorge Olavarría fue postulado por un pequeño partido, Opina, que normalmente alcanzaba unos 7.000 votos. Gracias a su efusivo temperamento, logró darle más votos a esa organización, que pudo alcanzar diputados al Congreso Nacional, al sacar 100.000 votos parlamentarios. Eso emocionó a Olavarría quien dijo que él era el “fenómeno electoral” de esa elección. No obstante, en el voto presidencial el candidato no había logrado más de 30.000 votos.

Ante la alegría de Olavarría, el presidente del Consejo Supremo Electoral, Carlos Delgado Chapellín, dijo con una sonrisa burlona que “no sé de qué se alegra un candidato que saca 30.000 votos, eso no puede considerarse un fenómeno, fenómeno fue el caso de Uslar, que sacó más de 400 mil…”.

1983 fue el año electoral de los “fenómenos”. El sistema se resquebrajaba, AD y Copei menguaban. Se presentaron 4 candidatos presidenciales con fuerza y opción de triunfo: Rafael Caldera (Convergencia), Claudio Fermín (AD), Oswaldo Alvarez Paz (Copei) y Andrés Velásquez (Causa R).

El que más cuadra de ese grupo como “fenómeno electoral”, fue Andrés Velásquez, cuya candidatura del 83 y 88 había obtenido resultados modestos, pero que en el 93 se montó en la cresta de la ola del descontento popular y logró más de un millón de votos.

Caldera, aun siendo un político tradicional, se convirtió en “fenómeno” luego de su discurso el 4 de febrero, que impactó a la opinión pública, y logró obtener la presidencia sin el apoyo de su partido Copei, con respaldo de partidos de izquierda que siempre obtenían resultados entre medianos y modestos.

Oswaldo Álvarez Paz tuvo características de “fenómeno” cuando fue precandidato en Copei y derrotó sorpresivamente a la maquinaria de Eduardo Fernández, quien aparentemente controlaba al partido verde. Sin embargo, al ser candidato sin el apoyo de Caldera, se desinfló.

En el 98 también triunfó en las elecciones un “fenómeno electoral”, Hugo Chávez. No era político, nadie lo conocía, saltó a la “fama” tras sus breves palabras de rendición del 4 de febrero, sin embargo, cuando lanzó su candidatura, apenas tenía 7% en las encuestas.

Se perfilaba como “fenómeno”, Irene Sáez, con altísima aceptación en las encuestas, pero se evaporó su popularidad, y Chávez comenzó a subir aceleradamente en las encuestas hasta lograr el triunfo. Henrique Salas Romer también tuvo características de “fenómeno” al pasar de un modesto porcentaje en las encuestas, a una posición de alto apoyo, ocupando el segundo lugar, dándole la pelea a Chávez. Ambos contaban con partidos recién fundados. En fin, lo que ocurrió en el 98 fue “fenomenal”.

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