Por: Dr Gonzalo Oliveros Navarro

Quizás la gente muy joven desconozca que, en su momento, antes de 1974, la industria petrolera en Venezuela, estaba en manos de empresas extranjeras tales como la Creole o la Shell, para solo  citar dos ejemplos.

Esas mismas generaciones desconocen que, cuando se plantea la nacionalización de la industria petrolera, en una célebre sesión del senado, Rómulo Betancourt defendió con ardor, inteligencia y conocimiento de la materia, el artículo 5 de la ley de nacionalización de esa industria que permitía la coexistencia en todas las fases de la misma,  por parte de empresas nacionales y extranjeras.

Quizás la tragedia en la cual  el chavismo gobernante convirtió al país, hizo olvidar que Pdvsa, con personal venezolano dirigiéndola y operándola, llegó a ser una de las diez empresas petroleras más importantes del mundo -sí, del mundo- antes de que en mala hora Rafael  Ramírez y quienes le antecedieron desde el 2002, con incompetencia o saña, la destruyeren para solaz de su jefe y así terminare en lo que es hoy.

Y finalmente probablemente desconozcan que, buena parte de esos directivos y operadores venezolanos despedidos por el señor Chávez en televisión nacional, con un pito cual árbitro de fútbol ese citado año,  no se han muerto ni retirado, siguen ejerciendo sus competencias y habilidades por el mundo para empresas extranjeras y seguro estoy que, de ser llamados por el país, a este retornarían para devolverle a una empresa venezolana, llámese como se llame,  liderada por nuestros coterráneos,  la preeminencia mundial que tuvo, una en la cual -por cierto- el Estado tenga participación pero también podamos tenerla los venezolanos, tal como los colombianos, por ejemplo,  la tienen en Ecopetrol. 

Toda la reflexión previa me ha surgido al observar que, en un evento energético realizado ayer 13 de marzo, EGU y MCM le ofrecieron  a los presentes la absoluta privatización de la actividad petrolera, es decir, retrotraer la misma a 1973, faltó tan solo decir, ni más faltaba, que iríamos fifty-fifty.

Admito que desconozco si la propuesta presentada fue discutida y aprobada por todos los factores que apoyaron a EGU o es la implementación del programa de MCM. Lo cierto es que, cualquiera sea el caso,  en especial AD que forma  parte de esa plataforma y sus derivaciones -como UNT por ejemplo- algo deberían decirle al país pues, lo anunciado contraria absolutamente los postulados que respecto de esa materia, hasta ahora, se le conocían. 

Mal estamos, muy mal, si los anuncios que realiza quien asumió la candidatura de manera unitaria,  no son el producto de acuerdo previo con quienes le atribuyeron la condición y peor aún si quienes hasta hoy defendían unas banderas respecto de nuestras industrias y recursos naturales, las arrían sin explicación alguna.

No se confunda el lector de esta barra pensando que soy estatista. Admito en todo caso  que soy partidario de la máxima según la cual debe existir «tanto Estado como sea posible y tanto mercado como sea necesario».  

El tema planteado es un tema de fondo respecto del cual, a diferencia de lo que ocurrió con la reversión de Caldera I y la nacionalización de CAP I,  nadie -públicamente- ha discutido nada, lo que es una falencia insalvable, por lo que creo que esa discusión debe empezar a darse ya, mañana es tarde. 

Si algo hicimos bien los venezolanos fue construir en democracia una industria sólida, que todavía,  a estos Midas -al revés- del siglo 21 no les ha sido posible destruir totalmente. 

Así, pensando en Betancourt y Pérez Alfonzo, visionarios de nuestra presencia y accionar en esa industria; de  trabajadores pre nacionalización como Juan José Delpino o Ismael Ordaz o de profesionales formados en democracia  como Grace Alvizua, Ender Barillas o Antonio Narváez y de dirigentes sindicales como el ultimo mohicano de esa industria,  Carlos Ortega, quienes desde la política o desde la propia industria, bien en empresas, extranjeras como las ya citadas, o nacionales como la CVP, Meneven,  Corpoven o Lagoven,  ayudaron a construir la Pdvsa que fue nuestro orgullo, formulo este respetuoso reclamo.

 Que se nos excluya de esa actividad hacia el futuro, luego de haber demostrado lo que somos capaces es, cuando menos, un error. 

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