Por: Edmundo Abigail Prieto Silva.

Un Miércoles de Cenizas en Mi Adolescencia 

 Estando escribiendo estas Palabras Emergentes y sin todavía haber asimilado la perdida del primo y compadre de sacramento Leopoldo José Espinoza Prieto, recibí la lamentable noticia de la también repentina desaparición física de este mundo terrenal de este Valle de Lágrimas del amigo, compañero de Luchas Demócratas lejos en Norte América de José Prusza. Dios los tenga en su gloria, debatiendo como componer el mundo.

Tengo un vivisimo recuerdo de unos días antes de la Cuaresma y siendo un voluntario Monaguillo de la otrora Iglesia Parroquial de La Asunción hoy Catedral de Nuestra Señora de La Asunción, el recordado Fray Agustín María Costa «El Padre Agustín«, nos encomendó a varios compañeros monaguillos a buscar Cenizas para ser Bendecida y Utilizarla para: La Imposición de La Cruz el Día Miércoles de Cenizas.

Nos señaló el Padre Agustín, «que no fuera de basura y bastante negra». Yo tenía entre ocho o nueve años de edad, ya bautizado y confirmado. Cerca de mí casa en La Calle Unión de La Asunción donde yo vivía con mis padre, mí madre  y hermanos y hermanas » había una Panadería de Hornos de Leña, donde yo asistía a diario a comprar pan de leche, roscas cubiertas, empanadas de guayaba y mango donde amasaban el pan y dulcerías.

Le pedí a la pariente Adelina Albornoz que el Padre Agustín necesitaba Cenizas para la imposición de La Cruz de Ceniza ese Miércoles Santo en los Oficios Religiosos de ese día Inicio de La Cuaresma Asuntina y Preludios de La Semana Santa.

Me fui a tardecita a buscar las Cenizas de la leña del horno del Pan de Leche como lo conocíamos y, llevé conmigo un saco vacío de azúcar con los que Carmen Catalina mí mamá había hecho los caramelos con que surtía las bodegas de La Asunción, Tacarigua, Santa Ana, Juan Griego.

En el saco de tela introdujeron Las Cenizas y diligentemente en la bicicleta de mis hermanas la acomodé, amarré y como pesaba mucho cerca de cinco kilos los remolque todo tisnao de cenizas, la bicicleta y yo hasta la Calle Virgen del Carmen de frente a La Plaza Bolívar donde estaba la Casa Parroquial y vivienda del Padre Agustín.

El Padre estaba saliendo para los Oficios Religiosos de esa tarde asuntina, y «por poco le tiñe de negro el Balandrán » que me habría costado unos buenos cocotazos. El Padre Agustín, emocionado «casi se traga el bandera roja que tenía en la boca de la alegría y dijo «periquito Mundo, esa Cantidad y Calidad de Cenizas servirían para Hacerles La Cruz nooo solo a los Feligres de La Asunción, otras Parroquias de Margarita, y todas en Venezuela y Hasta los de La Ciudad Eterna Roma».

Me dijo que me fuera a bañar y me premio — quien era muy pichirre con los emolumentos a los monaguillos– con un medio real bolívar de plata y me dijo que no asistiera a la misa de la mañana siguiente, «pero que no le dijera nadita del medio real a los otros monaguillos».

En la Misa del miércoles de Cenizas del Año «si no mal recuerdo» 58 , ayude al querido Padre Agustín a imponer La Cruz de Ceniza a los feligres de Nuestra Señora de La Asunción.

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