Por: Pedro González Silva


Rómulo Betancourt: 15 días para ganar

Apenas 15 días fue el tiempo que duró, por lo menos pública y formalmente, la candidatura presidencial de Rómulo Betancourt en 1958, y eso le bastó para obtener el triunfo y convertirse en el primer presidente constitucional de Venezuela, de la era democrática.

Aun siendo el fundador y máximo líder de Acción Democrática, el partido político venezolano más poderoso en el siglo XX, no tuvo avidez por repetir candidaturas presidenciales ni ejercer nuevos mandatos, más allá del período que le tocó cumplir entre 1959 a 1964.

Con el objetivo de acelerar la democratización del país que salía de la larga dictadura gomecista, y procurar el voto universal, directo y secreto, se alió con militares para derrocar al presidente Isaías Medina Angarita en 1945, y se convirtió en presidente de facto, en una Junta Revolucionaria cívico-militar, por espacio de tres años.

Y aunque cumplió la promesa de democratizar al país, concretándose con las elecciones de 1947, donde su compañero de partido, Rómulo Gallegos, fue electo presidente, las cosas no salieron como esperaba, pues sus antiguos aliados militares “se voltearon” y derrocaron a Gallegos.

AD, antes del golpe del 45, era un partido de mediana incidencia electoral y tamaño, pero después de llegar al poder, se convirtió en un partido de gran tamaño, con muchísimo apoyo popular.

Y aunque luego de derrocado Gallegos, AD tuvo que pasar a la clandestinidad, y su máximo líder tuvo que exiliarse, este partido no se diluyó, por el contrario, logró mantener compactada su “maquinaria” y viva la simpatía del pueblo.

Es así que luego de derrocada la dictadura militar el 23 de enero de 1958, al poco tiempo regresa Betancourt, con su popularidad en un nivel muy alto, el 9 de febrero, y a su llegada lanza un discurso que fue transmitido por radio, en el que hizo votos para que “se eliminen definitivamente el odio, el insulto virulento, la procacidad en los torneos cívicos de este país”.

En ese discurso, Betancourt esbozó lo que sería su estrategia electoral y su programa, pues señaló que existían dos Venezuela, una la de Caracas y los centros urbanos, y otra, más necesitada y pobre, en la provincia, y así se centró su campaña electoral, llegándole a la provincia como ningún otro candidato lo hizo.

Y no se trata de que los otros aspirantes no hayan visitado pueblos de la provincia, pero no con la misma intensidad que Betancourt.

El líder adeco había tenido posturas cercanas al marxismo, lo que generaba ciertas resistencias en un país que recién salía de una dictadura de corte derechista. Por eso, se tomó sus aspiraciones con calma.

Betancourt dejó correr el tiempo, mientras los partidos debatían sobre candidaturas de unidad nacional, sin embargo, en su fuero interno, sabía que iba camino a la candidatura presidencial, y por eso, desde el 9 de febrero del 58, comenzó a recorrer el país hasta los rincones más alejados, la provincia profunda, sin anunciar su candidatura.

Eso le permitió ir distanciándose paulatinamente de posturas comunistas, para ir hacia una más centrista, que alejara temores de ciertos sectores del país, pero a la vez, le permitió mantener por un tiempo a su lado a la juventud del partido, que lo apoyó en el 58, pero que después se fue de AD para fundar el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Así estuvo Betancourt recorriendo el país y ganando adeptos, por espacio de 9 meses, hasta que el 21 de noviembre, faltando 15 días para las elecciones presidenciales del 7 de diciembre, anunció su candidatura.

El 21 de noviembre era el Día del Estudiante, y por tanto, el anuncio lo hizo, acompañado de la Juventud de AD, en un multitudinario mitin realizado en el Nuevo Circo de Caracas, donde el ex mandatario Rómulo Gallegos, lo presentó y lo bautizó como el “Presidente de la concordia”.

A partir de ese momento, Betancourt tan solo contaba con 15 días para su campaña electoral, pero lo cierto es que ya llevaba 9 meses recorriendo el país hasta los lugares más recónditos, y ahora le tocaba recoger la cosecha, realizar grandes concentraciones, y preparar la extraordinaria maquinaria adeca para la defensa del voto.

Betancourt como candidato se compenetró fuertemente con la idiosincrasia del pueblo venezolano; su pipa se convirtió en un símbolo, y según la leyenda popular, esa pipa estaba “ensalmada”. Utilizaba frases jocosas y metáforas que causaban impacto y entusiasmo.

Rómulo Betancourt obtuvo más de 1.200.000 votos, sacándole una ventaja de unos 300.000 sufragios a su más cercano rival.

En 1973, Rómulo Betancourt tuvo la oportunidad, constitucionalmente, de ser nuevamente candidato presidencial, y por un tiempo, los dimes y diretes de la política, lo daban como seguro, sin embargo, faltando poco tiempo para la selección del candidato, en 1972, anunció que no aspiraría, y nunca más lo hizo.

starpetrvs@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *