Rafael Caldera: Siete candidaturas y dos presidencias

Por: Pedro González Silva

Sin duda, Rafael Caldera es el venezolano que más veces, por lo menos hasta el momento, fue candidato presidencial, y en dos ocasiones obtuvo el triunfo y logró llegar a la Presidencia de la República.

Formalmente, fue candidato presidencial en seis ocasiones: 1947, 1958, 1963, 1968, 1983, 1993, pero si contamos su precandidatura del 88, donde salió derrotado, fueron siete sus candidaturas.

Llama la atención que Caldera comenzó su primera campaña, con una imagen de candidato conservador, de derecha, y en cambio la última, se rodeó de la izquierda venezolana para llegar al poder.

Caldera fundó a Copei en 1946, y ya en el 47 fue candidato presidencial, a los 30 años, compitiendo nada más y nada menos que con el laureado escrito Rómulo Gallegos. En aquel entonces, Caldera fue promocionado en su campaña como “el presidente más joven de América”. En aquellos comicios, Copei tenía una gran fuerza en los estados andinos. El candidato logró más de 200.000 votos.

En las elecciones de 1958, si bien los principales partidos (AD, Copei y URD) firmaron el Pacto de Punto Fijo, con un programa común y el compromiso de conformar un gobierno de unidad después de las elecciones, cada partido lanzó su opción electoral. En Copei no había dudas: su candidato era Caldera, quien aumentó su votación a unos 400.000 votos, aunque llegó en tercer lugar.

En esas elecciones, la candidatura de Caldera estuvo un tanto relegada, por la polarización entre Rómulo Betancourt y Wolfgang Larrazábal, y porque era difícil hacer una campaña propia luego de haber firmado un programa común.

En 1963, Copei abandonó el gobierno de unidad, aunque no pasó directamente a la oposición: aplicó una política que denominó “autonomía de acción”; el partido ya apuntaba en convertirse en opción de cambio y necesitaba diferenciarse paulatinamente.

En esta campaña, Caldera participó en dos debates electorales, el primero con Jóvito Villalba (URD) y el segundo con Arturo Uslar Pietri (IPFN). Estos tres personajes obtuvieron importante suma de votos, por lo que unidos, hubieran derrotado fácilmente al candidato de gobierno, Raúl Leoni (AD).

A Leoni lo favoreció la aparición de varios candidatos fuertes de oposición, de los cuales, Caldera fue el más votado, logrando el segundo lugar, e incrementando su votación a unos 580.000 votos.

La candidatura del 63 fue una especie de primaria, que posicionó a Caldera como la principal opción de oposición para derrotar al candidato que lanzara el gobierno de AD. Y además, tuvo una “ayudadita” del partido blanco, que tuvo una muy fuerte división al escoger su abanderado.

Caldera en esta campaña del 68 fue “con todo” para posicionarse como la principal opción opositora. Su lema fue “El cambio va”, e hizo de este eslogan su total punto de acción, destacando que su principal rival, Gonzalo Barrios, representaba el continuismo, mientras que el electorado era cada vez más proclive a desear un cambio.

Sin embargo, Caldera no la tuvo fácil, por la presencia de otros dos rivales opositores que contaron con gran respaldo, como eran Burelli y Prieto. No obstante, Caldera logró vencer “apretadito” a Barrios por apenas 32.000 votos de diferencia, y luego de una semana de “infartantes” conteos de votos, hasta que Barrios reconoció que había perdido. Caldera sacó más de un millón ochenta mil votos.

En las elecciones de 1973 y en las de 1978, Caldera no podía constitucionalmente aspirar a la presidencia, pero todos en Copei daban por descontado que en el 83 se volvería a lanzar para buscar la reelección.

Sin embargo, un año antes, en el 82, el Ministro de Relaciones Interiores del gobierno copeyano, Rafael Montes de Oca, osó lanzar su precandidatura contra el líder fundador, y ante tal atrevimiento, se prendieron las alarmas, y tuvo el presidente Herrera Campíns que convencerlo para que declinara, y así Caldera pudo ser proclamado candidato.

Muchos consideraron la campaña de Caldera del 83, como heroica o épica: Tuvo que cargar a cuestas con la enorme impopularidad del gobierno de Luis Herrera, por motivo del “viernes negro”, devaluación del bolívar que causó gran impacto en la población.

Caldera “hizo de todo” para salvar a Copei de una debacle electoral: Caminó, a pesar de tener ya cierta edad, Caracas de punta a punta, se despeinó ante las cámaras de TV, retó a un debate al candidato de AD, Jaime Lusinchi, quien aceptó el reto, y a pesar de aparecer siempre muy abajo en las encuestas, no perdía el entusiasmo, y decía con ahínco: “Estamos remontando la cuesta”.

Si bien Caldera perdió en forma aplastante frente a Lusinchi, los analistas políticos reconocieron que Copei “quedó enterito”, con más de dos millones de votos.

Mientras los periódicos titulaban que la carrera política de Caldera había concluido, en su fuero interno, el líder demócrata cristiano pensaba otra cosa. Pero no dijo nada por mucho tiempo, mientras su pupilo, Eduardo Fernández, cogía vuelo y se convertía en “El Tigre”.

Fue así como en el 87, Caldera asomó de nuevo sus aspiraciones presidenciales, cuando ya Fernández se había adueñado del partido. Aun así, Caldera confió en su liderazgo y compitió con su antiguo discípulo, quien lo derrotó en elecciones internas, mientras Caldera anunciaba su pase “a la reserva”.

Para las elecciones de 1993 Caldera no estaba dispuesto a repetir la humillación que vivió dentro de la tolda verde, y fue consolidando sus aspiraciones por fuera de la maquinaria partidista, logrando apoyo de otros partidos y de copeyanos que se fueron desprendiendo de la disciplina partidista para sumarse al proyecto de su fundador.

El Caldera del 93 se convirtió en un candidato progresista, contrario a las políticas neoliberales que había estado aplicando el gobierno de Carlos Andrés Pérez. En el 92, su discurso en el Congreso, luego de la intentona del 4 de febrero, disparó su popularidad al hablar muy duramente contra esas políticas neoliberales.

Caldera logró en el 93 el “milagro” de unir a la izquierda venezolana y logró triunfar para lograr su segundo mandato constitucional, obteniendo aproximadamente un millón setecientos mil votos, paradójicamente, menos votos que los logrados en el 83, cuando perdió con Lusinchi. Con todo y eso, Caldera cerró con broche de oro su carrera político electoral.

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