La venezolana de 25 años fue nombrada primera bailarina del Ballet de Santiago. Comenzó su formación en la Escuela María Teresa Alford de Barquisimeto, estuvo becada en el Ballet de Las Américas y formó parte de El Cascanueces del Teresa Carreño. A los 17 años dejó Venezuela. Llegó a Chile y entró en la compañía establecida en el Teatro Municipal. La trujillana, que ha sufrido la xenofobia, no le teme al trabajo duro

La bailarina venezolana Laleska Seidel ha insistido, a lo largo de su carrera en el ballet, en luchar con su talento por sus sueños. A los nueve años comenzó a estudiar danza en la Escuela de Ballet Clásico María Teresa Alford de Barquisimeto, Lara, ciudad en la que pasó gran parte de su infancia a pesar de nacer en Valera, estado Trujillo. Comenzó en el ballet porque sus padres querían que, tanto ella como su hermana menor, hicieran actividades extracurriculares en las tardes. La joven, de ahora 25 años de edad, decidió sumarse a las clases sin grandes aspiraciones. En ese entonces le era imposible saber que, con el tiempo, desarrollaría una gran pasión por la danza clásica que la llevaría, con esfuerzo y dedicación, a convertirse en primera bailarina del Ballet de Santiago, Chile, en enero de 2025.

Lo que comenzó siendo una actividad elegida para mantenerse ocupada en las tardes se fue convirtiendo, poco a poco, en el centro de su vida. Laleska Seidel  llegó a la escuela de danza en el Centro Cultural de Cabudare, como principiante, a cargo de la profesora Katherine Heredia. Bastaron unas pocas clases para que su talento la llevara a tomar clases con la maestra María Teresa Alford, quien la marcó profundamente en esos primeros años.

A la par, comenzó a ver videos de bailarinas en YouTube. Su amor por la danza iba en aumento al ver cómo bailaban las intérpretes rusas Polina Semiónovaella o Maria Kochetkova. También la llenó de mucha inspiración conocer a la hija de su maestra, Oriana Plaza Alford, quien viajaba a Barquisimeto con regularidad. Laleska Seidel confiesa que cada vez que iba de visita se sentía inspirada: Plaza Alford era un ejemplo de cómo se podía vivir de la danza siendo ya adulta.

Así, sin saberlo, casi sin percatarse, su amor por el ballet fue creciendo hasta que la sensación de bailar sobre los escenarios en Caracas como parte de las competencias a las que iba la terminó de enamorar. Fue en una de esas oportunidades cuando conoció a Rumen Ivanov Rashev, fundador de Fundación Ballet de Las Américas. El maestro reconoció su potencial y decidió becarla en su escuela durante 12 meses. Seidel tenía entonces 13 años.

“Cuando empecé a ir a competencias, comencé a recibir reconocimiento, me daban becas y la gente me decía que era muy buena. Yo todavía no dimensionaba lo que pasaba. Experimentar la sensación de estar sobre el escenario fue haciendo que yo me diera cuenta de que el ballet me encanta”, confiesa.

Era joven y apenas comenzaba. No creía, en ese momento, que pudiera vivir de la danza a futuro. Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad. Se mudó a Caracas con su mamá para seguir mejorando y todos los fines de semana, cuenta, viajaban a Barquisimeto para pasar tiempo con su familia. “Ese año mis papás hicieron ese sacrificio de separarse y mi mamá vino a acompañarme en todo el proceso”. El esfuerzo dio sus frutos, ser parte del Ballet de Las Américas como becada le abrió las puertas de uno de los recintos culturales más importantes del país: el Teatro Teresa Carreño (TTC).

El Cascanueces y Laleska Seidel

Cada año la escuela del Ballet de Las Américas es invitada a ser parte de uno de los espectáculos más reconocidos del cuerpo de baile del TTC: El Cascanueces del maestro Vicente Nebrada. En ese momento, la maestra Stella Quintana la escogió para participar en la temporada de 2013 como uno de los niños de la fiesta del primer acto. Fue la primera vez que Laleska Seidel bailó la célebre obra. Tuvieron que pasar otros tres años para que la joven intérprete pisara nuevamente el escenario del TTC. Cuando tenía 16 años volvió a Caracas, esta vez sola, sin su mamá, para estudiar otro año con el Ballet de Las Américas.

“La maestra Stella seguía teniendo contacto con el TTC, me dijo que fuera a tomar clases allá y  ver si me elegían para hacer los roles de Clara y la Reina de Azúcar, los roles principales del espectáculo. Fui al TTC y tomé clases con ellos. Me escogieron como Clara, como hada del azúcar y también como parte del reino de los copos de nieve. Hacía de todo. Los roles principales fueron como un sueño, no me lo esperaba para nada, fue hermoso poder bailarlos”.

El Nacional/ Diario La Faena

Foto Cortesia

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