DEPORTADOS: Y el derecho a la información
Por: Eneida Valerio Rodrìguez
Dos aviones con deportados venezolanos, llegaron a primeras horas de este último martes con 190 pasajeros al aeropuerto Simón Bolívar y quienes según información de la Embajada de Estados Unidos, los pasajeros tenían antecedentes penales y otros son integrantes del Tren de Aragua.
El gobierno venezolano desde el aeropuerto El Paso de San Antonio, Houston, realizó la transportación, con dos aeronaves de la línea Conviasa.
El Embajador Richard Grenell, del gobierno del presidente de EE.UU. Donald Trump realizó la supervisión del embarque desde la terminal aérea de su país. Estos dos vuelos, estaban anunciados para marzo y la salida sorprendió a todo el país.
Esto lo comentamos, a manera de ejemplo y demuestra la opacidad informativa con la que se maneja nuestro país, con lo cual, la credibilidad, ha sufrido un grave revés en manos de grupos y élites políticas, que han secuestrado la veracidad de la información y la han sometido a intereses espurios.
En los últimos años, la libertad de expresión es intangible para los venezolanos y no es más que una visión menguada ejercida desde los grupos de poder donde lo permanente, se ampara en la falta de retorno de los mensajes. Es decir, hay una comunicación unidireccional, trasladada solamente al habla cómo el lenguaje articulado del hablante, pero muy lejos de cumplirse con las exigencias comunicacionales como proceso de mayor complejidad.
Leyes mordazas y subjetivas sirven los caprichos de los controladores del derecho a expresarse. Leyes oscuras, definen el derecho a la libre expresión del venezolano, vulnerándose la voluntad ciudadana y beneficiando las exigencias hegemónicas del proceso comunicacional, donde todo – esta sometido a entender de los administradores comunicacionales- y tal se propaga a los distintos grupos sociales.
Con estas singularidades, se persigue y acosa y, también se oprime y condena. Aquí, cabe mención especial los ’florecientes influyentes’ dedicados al análisis político donde muchos, en un abuso maniqueista reprochable, han reducido todo a sus particulares percepciones: bien o mal. La razón, deja de ser la premisa para el logro de la libertad individual y ciudadana ya que choca contra los principios fundamentales de respeto al interlocutor, infligiéndole un severo malestar que incluye además un irrespetuoso lenguaje con el que se condena y responde a quienes pudieran calificar a su voluntad de opinión diferente dando la sensación, muy clara por lo demás, de responder a una perfecta alineación estratégica.
Atravesamos momentos cruciales en la comunicación social. Pasamos por etapas discordantes en un proceso inacabable tal cual le corresponde jugar y asimismo, en la fundamentación básica de cualquier sociedad, asentada en estos principios de libertad que conlleva el respeto lingüístico en cada uno de sus elementos.
Debemos en consideración a lo expuesto y como señala San Agustín, definido como Padre de la Iglesia, entender “que la libertad, es pues, la autodeterminación de la voluntad, basado en el conocimiento de sí mismo.”
Tenemos un serio compromiso en tal sentido para convertirnos en agentes de cambio como pivote de apoyo social y siempre respetando cuanto demande este espacio y tiempo de nuestra nacionalidad.
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