Por: Pedro González Silva

El Maestro Prieto en el Panteón Nacional Luis Beltrán Prieto Figueroa, el Maestro de América, estará ahora en el mismo recinto donde reposan los restos de los grandes próceres de la Independencia de Venezuela.

Para algunos, esta decisión gubernamental podría “no encajar”, por el hecho de que en el Panteón Nacional están fundamentalmente aquellos que destacaron militarmente en nuestra guerra contra el colonialismo español.

Sin embargo, tiene sentido la presencia de los restos mortales del Maestro Prieto junto a los grandes hombres que lucharon por nuestra Independencia, puesto que la educación es un factor fundamental para que cada ser humano sea libre, y un país con alto nivel educativo, está más próximo a lograr también su independencia económica.

Desde muy joven, Prieto, nacido en La Asunción, estado Nueva Esparta, Venezuela, se dedicó a la docencia. Fue maestro en la Escuela Francisco Esteban Gómez en su ciudad natal, en donde impartió estudios de primaria.

Profesor de secundaria en el Liceo Andrés Bello de Caracas, Instituto San Pablo y escuelas normales. Profesor a nivel superior en el Instituto Pedagógico Nacional y en la Universidad Central de Venezuela.

Fue fundador y primer presidente de la Federación Venezolana de Maestros en 1936. Está considerado uno de los mejores pedagogos de América.

En el ejercicio de su actividad política, no se deslindó de su vocación docente. Ocupó el Ministerio de Educación en los gobiernos de Rómulo Betancourt del año 45, y en el gobierno de Rómulo Gallegos. El 22 de agosto de 1959, fundó el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE).

Fue coautor del primer proyecto de Ley de Educación en 1948, y de la Ley de Educación, aprobada el 9 de julio de 1980. Uno de los principales aportes teóricos de Prieto sobre la educación, fue la tesis del Estado docente, la cual elaboró a partir del concepto “Estado social” de Hermann Heller, de la escuela política alemana.

Su dilatada trayectoria como educador, lo ha hecho acreedor, a casi 32 años de su fallecimiento, ocupar un espacio en el Panteón Nacional, como una manera de exaltar, no sólo su labor como pedagogo, sino, además, exaltar la docencia como profesión.

Por eso, resulta un contrasentido que se haga esta exaltación al Docente, en tiempos en los que esta profesión es una de las peores pagadas en nuestro país. A los maestros no se les está dando el trato que merecen, y actualmente la educación se encuentra de capa caída.

Esperemos que este gesto de llevar al Maestro de América, Luis Beltrán Prieto Figueroa, al Panteón Nacional, sirva como estímulo a las mismas autoridades de nuestro país, para que presten mayor atención a nuestros docentes y a nuestro sistema educativo.

starpetrvs@gmail.com

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