Por: Gonzalo Oliveros Navarro
Soy de quienes creen que las palabras tienen fuerza y mucho más cuando las emiten personas con algún tipo de representatividad o cuando de ellas se desprende asunción de responsabilidad.
En 1992, el desconocimiento de la instrucción presidencial en el sentido que el Hugo Chávez detenido no declaraba ante la prensa, le facilitó a este redituar de por vida su «por ahora» donde asumió el fracaso militar de su aventura pero, a su vez, le permitió al país observar a una persona que asumía no haber logrado el objetivo que se había propuesto en una época en la cual el «yo no fui» estaba muy presente.
Esta última expresión, nuevamente se ha hecho presente en nuestra realidad venezolana.
Ahora nadie prometió lo que escuchamos. El final será mañana o pasado o después, ni más faltaba, quiera Dios que sea previo al juicio de esa naturaleza pues, si coinciden en fecha no lo podremos disfrutar.
Al país se le ofreció día, hora y lugar para la ocurrencia de distintos acontecimientos y no se asumió el incumplimiento, repitiendo las viejas prácticas referidas y pretendiendo utilizar a buenos escribidores para justificarlas.
El país compró, en cantidades nunca vista, una promesa no eterna, para ya, para ayer, porque se era distinto, porque había un plan. Lo doy por cierto, falló y nadie dice que ocurrió ni el porqué.
Para el 28 de julio y meses siguientes, inclusive hoy, tres eran las tareas: ganar, cobrar y gobernar. Cumplida la primera, para que esas dos ultimas fueren posibles, era menester construir puentes con quienes gobernaban y les soportaban con las armas. Respecto de esos puentes, o los planificadores fallaron o los constructores no asistieron en la universidad a las clases donde se estudio la carga que debían soportar y se cayeron. Esa es la triste e incontrovertible realidad de hoy.
Todo ello tiene una consecuencia, como la hemos visto antes volver a empezar, otra vez, nuevamente, bien con el liderazgo que hay o con otro capaz de hacer lo que, hasta ahora, no ha sido posible.
La vida sigue. La esperanza también. El tiempo vital, lamentablemente, a todos, se nos agota.
@barraplural
