Por: Pedro González Silva
Elecciones 1993: El “chiripero” al poder
Las elecciones presidenciales de 1993 arrojaron un cambio importante en el comportamiento electoral de los venezolanos: se rompió la polarización con el declive electoral de los dos grandes partidos, AD y Copei.
En el caso de Acción Democrática, el partido llegó debilitado a las elecciones del 93, por los altos índices de rechazo que sufrió el presidente Carlos Andrés Pérez, que luego de las intentonas golpistas del 4 de febrero y 27 de noviembre del 92, cayó en sus niveles más bajos de popularidad.
El rechazo a Pérez se fue dando por la aplicación de políticas económicas catalogadas de neoliberales, que provocaron rechazo incluso en sectores de su propio partido, especialmente en el Buró Sindical de AD.
Luego de las intentonas militares, el ambiente se fue caldeando cada vez más, y a CAP se le abrió un juicio por un supuesto manejo indebido de la partida secreta, hasta que finalmente, en mayo del 93, la Corte Suprema de Justicia los destituyó de su cargo, y al poco tiempo, el Congreso Nacional nombró a Ramón J. Velásquez como presidente de la República, para completar el período constitucional de Pérez.
De tal manera que AD llegó muy golpeada a las elecciones del 93. El partido realizó sus elecciones internas para escoger candidato presidencial, y entre los precandidatos figuraron: Paulina Gamus, Carmelo Lauría y Claudio Fermín. Este último se impuso por amplio margen, convirtiéndose en el abanderado del partido blanco en el 93.
A Copei también lo “salpicó” el efecto que produjo el evento militar del 4 de febrero, ya que en Venezuela comenzó a gestarse un sentimiento contra los partidos tradicionales; sin embargo, en las elecciones regionales del 92, Copei se posicionó como la primera fuerza política del país, y por tanto como primera opción para el 93.
No obstante, Copei venía arrastrando una crisis interna, donde el fundador del partido Rafael Caldera, mantenía una posición de alejamiento de la cúpula directiva copeyana, encabezada por Eduardo Fernández. Caldera empezaba a remontar su popularidad en las encuestas, manteniendo una firme postura “antineoliberal” frente al gobierno de CAP, sin embargo, Eduardo Fernández se mantenía como primera opción.
La madrugada del 4 de febrero, Eduardo Fernández salió en medios televisivos defendiendo al gobierno de Pérez frente al intento de golpe, y eso, a posteriori, lo enterró en las encuestas, a los niveles más bajos de popularidad.
En cambio, ya al mediodía del 4F, en el Congreso, Rafael Caldera toma la palabra y dice que “no se le puede pedir a la gente que se inmole por la democracia, si el pueblo tiene hambre”. Con esas palabras, muy críticas frente al manejo del sistema democrático, Caldera subió a altos niveles de popularidad.
La candidatura de Caldera se volvió indetenible. En Copei veían que su fundador estaba dispuesto a ser candidato sin esperar por el partido. Las organizaciones de izquierda comenzaron a acercarse al líder copeyano.
Eduardo Fernández, para tratar de darle incentivos a Caldera para que se contara internamente, propuso, y fue aprobada, la elección del candidato en consulta abierta a todos los venezolanos, con el único requisito de la cédula de identidad, y estar inscrito en el registro electoral.
Sin embargo, Caldera no aceptó participar en esas elecciones de Copei, en cambio, su antiguo pupilo, Oswaldo Álvarez Paz, anunció que competiría, al igual que Humberto Calderón Berti.
A finales de abril del 93 se realizaron esas elecciones; muchos pensaban que se impondría la maquinaria de Eduardo Fernández, sin embargo, Álvarez Paz, quien proponía la realización de una Constituyente, dio el “batacazo” y le ganó a Fernández en una proporción de 60 a 30 por ciento.
Una vez electo Álvarez Paz como candidato, intenta acercarse a Caldera y pedirle su apoyo, pero el líder fundador se lo niega, alegando que no apoyaría a un candidato con posturas neoliberales.
Caldera sigue adelante con su proyecto presidencial sin prestarle atención a Copei, pero muchos líderes copeyanos se le van sumando y se van organizando en su apoyo; junto a esto, ocurre un fenómeno político bastante curioso: Caldera logra el “milagro” de la unidad de la izquierda venezolana, que jamás se había podido poner de acuerdo entre ellos mismos: el MAS (fusionado con el MIR) anuncia su apoyo a Caldera, y luego lo hace el llamado “chiripero”, los pequeños partidos de izquierda como el MEP, el PCV y la Nueva Alternativa, entre otros.
Finalmente, Caldera oficializa su candidatura presidencial, que también cuenta con el apoyo de una nueva organización socialcristiana: Convergencia. Alega que él es un candidato de unidad nacional, y que una suma de voluntades lo llevan a esa nueva candidatura, sin condicionar su participación en elección interna alguna.
Ante tal anuncio, Copei, decide la expulsión de su fundador, Rafael Caldera, del partido, con el único voto salvado de Luis Herrera Campíns. Esta situación, llevó a Copei hacia 1993 con plomo en el ala.
A la par, se va gestando otro fenómeno político. El país es un hervidero, las protestas callejeras se hacen frecuentes, así como la represión con bombas lacrimógenas. Un partido se monta en la cresta de la ola de las protestas: La Causa R, y tres de sus líderes destacan desde el parlamento con mucho vigor: Pablo Medina, Aristóbulo Istúriz y Andrés Velásquez.
El partido presenta para 1993 la candidatura de Andrés Velásquez. Ya no es aquel desconocido del año 83 que apenas sacó seis mil votos. La Causa R y su candidato canalizan el voto más radical, antisistema, contestatario; el candidato ya es capaz de llenar plazas con sus mítines. Su lema es “¡Arrásalos!”
Llegamos a las elecciones presidenciales de 1993 con cuatro candidatos presidenciales con opción de triunfo: Rafael Caldera (alianza multipartidista); Claudio Fermín (AD), Oswaldo Álvarez Paz (Copei) y Andrés Velásquez (La Causa R).
No obstante, hubo 14 candidatos más, para un total de 18: Modesto Rivero, por el evangélico partido ORA; Nelson Ojeda Valenzuela (FPI), un militar que sonaba en los medios con ciertas denuncias.
Luis Alberto Machado, ex dirigente de Copei y ministro del Desarrollo de la Inteligencia de Luis Herrera, que alcanzó notoriedad con su tesis de que “todos podemos ser inteligentes”, en el 88 creó el apodo de “El Tigre” para Eduardo Fernández, y para el 93 presentó su candidatura con el partido Revolución de la Inteligencia, cuyos colores y emblema eran semejantes a los de Pepsi Cola, y por eso llamó a votar “Pepsi”.
El sexólogo Fernando Bianco también se lanzó de candidato, queriendo aprovechar cierta popularidad mediática que había logrado. Remedando el lema de Oswaldo Álvarez Paz “pa´lante”, Bianco decía: “Ni pa´trás ni pa´lante, pa´dentro”.
Nueva Generación Democrática presentó la candidatura de José Antonio Cova, con apoyo de Morena. El ex guerrillero de Bandera Roja, Gabriel Puerta Aponte, salió de la clandestinidad, creó el partido MDP (brazo legal de BR), y se postuló como candidato.
La hija de Renny Ottolina, Rhona, quien había fundado su propio movimiento “Fórmula 1”, también presentó su candidatura. En este año hubo dos mujeres candidatas, la otra fue: Carmen de González, de CCN. El “brujo” Rómulo Abreu, volvió a postularse con su partido FEVO.
Jesús Tang, de descendencia china, se postuló con el Partido Nacionalista, y se presentaba como “el Fujimori venezolano”. Blas García se postuló con el Partido Ecológico; Juan Chacín creó el partido PODER para lanzarse; Félix Díaz Ortega se postuló por segunda vez con NOR, y Temistocles Fernández creo el movimiento Independiente Total, para lanzarse.
En la campaña de Claudio Fermín destacaron los close-up del candidato en TV, con una voz susurrante, pidiendo el apoyo de la gente; Alvarez Paz, en cambio, aparecía en sus cuñas más exaltado, pegando brincos, prometiendo acabar con la delincuencia.
Caldera en contraposición a la carta de intención que tiempo atrás había firmado el gobierno de CAP con el FMI, para aplicar severas medidas económicas, presentó al electorado “Mi carta de intención con el pueblo venezolano”, comprometiéndose a acabar con las medidas neoliberales.
Andrés Velásquez fue el candidato que presentó el discurso más crítico, acompañando las protestas laborales y la lucha contra las corruptelas.
Las elecciones presidenciales se efectuaron el 5 de diciembre de 1993. Los resultados arrojaron un incremento de la abstención, y el quiebre de la polarización. En esta ocasión cuatro candidatos se repartieron el voto mayoritario del electorado, el ganador, Rafael Caldera, apenas alcanzó el 30% de los votos; en 1983 él había perdido con 32%.
A pesar de estar maltrecha, AD logró quedar en segundo lugar, mientras que Copei, tras la ida de su líder, descendió al tercer puesto. La Causa R, de partido minúsculo, pasó a tener una impresionante votación, ocupando su candidato el cuarto lugar, aún cuando se corrió la voz de que Andrés Velásquez habría ganado las elecciones, pero los militares lo bajaron al cuarto. Velásquez nunca confirmó esta hipótesis.
Los resultados electorales fueron los siguientes:
Rafael Caldera (Convergencia-MAS-MEP-PCV-URD-MIN-FUN-UNA y otros): 1.710.772 votos (30,46%); Claudio Fermín (AD-FDP-IRE y otros): 1.335.267 votos (23,60%); Oswaldo Álvarez Paz (Copei-Renovación-GE): 1.276.506 votos (22,73%); Andrés Velásquez (La Causa R): 1.232.653 votos (21,95%).
Modesto Rivero (ORA): 20.814 votos (0,37%); Nelson Ojeda Valenzuela (FPI): 18.690 votos (0,33%); Luis Alberto Machado (RI): 6.851 votos (0,12%); Fernando Bianco (CEM): 5.590 votos (0,10%); José Antonio Cova (NGD-Morena): 4.937 votos (0,09%); Gabriel Puerta Aponte (MDP): 3.746 votos (0,07%); Rhona Ottolina (F1): 3.633 votos 0,06%).
Rómulo Abreu Duarte (Fevo): 1.554 votos (0,03%); Jesús Tang (PN): 1.251 votos (0,02); Blas García (PE): 1.198 votos (0.02%); Juan Chacín (PODER): 981 votos (0,02%); Carmen de González (CCN): 866 votos (0,02%); Félix Díaz Ortega (NOR): 780 votos (0,01%), y Temistocles Fernández (IT): 640 votos (0,01%).
