Por: Pedro González Silva
Elecciones 1968: Primer triunfo opositor
En las elecciones presidenciales de 1968, el pueblo venezolano pudo comprobar que un Gobierno sí podía perder unos comicios, y además, entregar el poder cívica y democráticamente.
Acción Democrática había ganado las elecciones del 63 a pesar de estar debilitada por dos divisiones previas, por lo que bajó su caudal electoral del 49% al 32%, sin embargo, esa cifra le permitió mantener el poder 5 años más.
Y por si fuera poco, AD viviría en 1967 una tercera división, y esta vez, mucho más importante y catastrófica. La pugna en elecciones primarias para elegir candidato presidencial, llevó al partido blanco a dividirse de nuevo.
Por una parte, estaba la precandidatura de Gonzalo Barrios, con apoyo del presidente Leoni y del líder del partido, Rómulo Betancourt. Por otra parte, surgía con fuerza la precandidatura de Luis Beltrán Prieto Figueroa, con apoyo del secretario general de AD, Jesús Paz Galarraga, y buena parte del CEN de AD y del Buró Sindical.
Ante tan poderoso “choque de trenes” entre figuras muy destacadas y prestigiosas en el partido, surgió la división; los “betancouristas” controlaron las estructuras legales del partido, y los seguidores de Prieto se separaron y fundaron el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP).
Finalmente, AD postuló para 1968 a Gonzalo Barrios, y el MEP a Luis Beltrán Prieto, que insurgía con mucha fuerza electoral, dada la popularidad que exhibía el Maestro Prieto.
Ante tal división, cobraba fuerza la posibilidad de una derrota electoral de AD. La opción opositora más viable era la de Rafael Caldera, líder de Copei, cuya persistente candidatura había ido creciendo electoralmente en cada ocasión, y en los pasados comicios se había posicionado en el segundo lugar.
Sin embargo, no sería una tarea fácil para Caldera lograr el tan ansiado triunfo, porque, por una parte, AD conservaba parte de su poderío, y en el 63 la distancia electoral entre AD y Copei era grande todavía, pero junto a todo esto, existían también, otras opciones partidistas que contaban con bastante fuerza electoral.
Y precisamente, tres partidos de buen caudal electoral y de destacados líderes, lograron establecer una alianza: Unión Republicana Democrática (URD) con Jóvito Villalba al frente; Frente Nacional Democrático (FND) liderado por Arturo Uslar Pietri, y Fuerza Democrática Popular (FDP), del contralmirante Wolfgang Larrazábal.
Esta importante alianza de partidos liderados por 3 ex candidatos que en el 63 lograron bastantes votos y ocuparon el tercer, cuarto y quinto lugar respectivamente, se denominó el Frente de la Victoria, y postuló la candidatura independiente de Miguel Ángel Burelli Rivas.
Así las cosas, aparecían para 1968 cuatro opciones presidenciales con opción de triunfo: Gonzalo Barrios (AD) con apoyo de varios micropartidos; Rafael Caldera (Copei) con apoyo del MDI, una escisión de URD; Burelli Rivas (URD-FND-FDP) al que se le sumó el pequeño partido MENI, y Luis Beltrán Prieto (MEP), al que se le sumó el PRIN (antigua AD-Oposición) y la pequeña organización OPINA.
Se postularían dos candidatos más, para un total de seis aspirantes a la silla presidencial: el empresario Alejando Hernández, apoyado por el Partido Socialista Democrático (PSD), y Germán Borregales, quien aspiraba por segunda vez, con su partido MAN.
Esta campaña electoral resultó bastante animada y movida. Gonzalo Barrios usó el slogan “Gonzalo: Un candidato sin demagogias”, mientras que Prieto sacaba cuñas de TV con un polo margariteño (homenajeando su lar de origen) y llamando a poner “el alma en la oreja”, símbolo de su partido, que hacía referencia a las suyas, que eran bastante prominentes.
Caldera presentó una campaña muy bien diseñada, que lo colocó como la verdadera opción para desplazar a AD del Gobierno; por eso, en lugar de hacer “competencia” con otras opciones opositoras, se enfocó en presentarse como la real posibilidad de cambio, y de allí su lema principal: “El cambio va”. Por otra parte, Caldera lanzó una oferta electoral que causó impacto: construir 100.000 casas por año.
En el Frente de la Victoria veían a Caldera como el obstáculo a vencer. URD sacó, haciendo “pique” con Copei, un pegajoso jingle que decía: “Amarillo es lo que luce, verde nace donde quiera”. Asimismo, refutaban el slogan de Caldera: “El cambio va, pero el Frente viene”.
El empresario Alejandro Hernández, invirtió un buen caudal de su propio peculio, para costearse enormes vallas de color azul, color del partido que lo apoyaba, con su foto gigante, y “Alejandro presidente”, mientras Borregales, como de costumbre, hacía una campaña bastante modesta, llamando a votar gris.
Como habíamos dicho, anteriormente, las elecciones presidenciales se hacían conjuntamente con la de cuerpos deliberantes: el Congreso (Senadores y Diputados), y ediles para los concejos municipales.
La tarjeta grande era para presidente, y la pequeña para los demás cargos. Hasta 1968 las tarjetas se entregaban como barajitas, y cada quien metía en un sobre sus dos tarjetas, y desechaba las otras. A partir de 1973 se cambió esto por un tarjetón, y el elector sellaba las dos tarjetas de su preferencia.
Es así que había algunos partidos que no postulaban candidato presidencial, sino solamente iban con tarjeta pequeña para los cuerpos deliberantes. En 1968, uno de estos partidos, que no postuló presidente, y sólo presentó planchas al Congreso y ayuntamientos, fue la Cruzada Cívica Nacionalista (CCN).
Este partido, que usó el color rojo y la figura de un indio, se constituyó en un fenómeno electoral, sacó más de 400.000 votos y una gran cantidad de senadores y diputados. Lo que causó sensación fue que este nuevo partido nació con apoyo del ex dictador Marcos Pérez Jiménez, y se constituyó en el partido de sus seguidores, por lo que el perezjimenismo surgió como una fuerza electoral de importancia.
El mismo Pérez Jiménez fue postulado como Senador por la CCN, pero el Consejo Supremo Electoral invalidó su candidatura. Sin embargo, en el 68 el perezjimenismo empezó a actuar como una fuerza política electoral de importancia, y muchos tratarían después, de conseguir el apoyo electoral de esta corriente política.
Por su parte, el PCV, preparaba el terreno para su salida de la guerrilla y el regreso a la batalla electoral. En el 68 participó con tarjeta pequeña, pero a través de otro nombre, ya que en ese momento el PCV estaba inhabilitado. Es así que fue con el nombre de Unión para Avanzar (UPA), y la figura de su gallo rojo. Lograron unos 100.000 votos.
Las elecciones de 1968 se realizaron el 1 de diciembre, y resultó ganador, en su cuarto intento, Rafael Caldera, con 1.083.712 votos (29,13%), seguido del candidato oficialista Gonzalo Barrios, quien obtuvo 1.050.806 votos (28,24%).
Es de hacer notar que se trató del resultado electoral más estrecho de la historia de Venezuela, apenas poco más de 32.000 votos de diferencia, y porcentualmente, una diferencia de menos de 1%.
El conteo, que en aquel tiempo era manual, fue de infarto, y se tardaron varios días en dar los resultados oficiales. Cívicamente, el candidato de AD, Gonzalo Barrios, reconoció la victoria de su oponente. Por vez primera, la oposición accedía al poder, electoralmente.
El tercer lugar lo ocupó Miguel Ángel Burelli, con 826.758 votos (22,22%), el cuarto lugar Luis Beltrán Prieto, con 719.461 votos (19,34%), quinto lugar Alejandro Hernández: 27.336 votos (0,73%), y sexto Germán Borregales 12.587 votos (0,34%).
Borregales, quien nuevamente había llegado de último (en el 63 ocupó ese puesto), tuvo un interesante triunfo político, pues en tarjeta pequeña el MAN duplicó su votación (más de 24.000 votos) y eso sirvió para que Don Germán quedara electo Diputado al Congreso Nacional por el sistema de cociente electoral.
En aquel entonces, era permitido que los candidatos presidenciales optaran simultáneamente a los cuerpos deliberantes, y el sistema de cociente electoral protegía la representación de las minorías.
