Por: Pedro González Silva
Redes sociales y desinformación
Estamos viviendo una época de grandes distorsiones en materia comunicacional. Las redes sociales están contribuyendo a que cada día haya más gente confundida, gracias a mensajes de muy baja calidad, llenos de dobles intenciones y gran habilidad manipuladora.
Muchos piensan que gracias a las redes sociales podemos estar informados al instante de lo que ocurre, pero una buena información en las redes es igual a encontrar una buena hierba entre la maleza.
Tal vez lo que aquí digamos, suene muy radical, pero pensamos que las redes sociales son un basurero que le está haciendo gran daño mental a la población.
Muchos dirán que pedir limitaciones a las redes, atenta contra el derecho a la libertad de expresión, pero entonces habría que entender hasta donde llega la libertad de expresión.
La libertad de expresión no es absoluta, pues de lo contrario no existirían penalidades por difamación; cualquiera podría opinar en algún medio que sería bueno asesinar a tal o cual persona, lo que sin duda sería un delito. Entonces, ya de entrada, la libertad de expresión tiene sus limitaciones.
Las redes sociales han contribuido a socavar la actividad profesional de los periodistas. Ahora, muchas instituciones en lugar de acudir a los profesionales de la comunicación social, acuden a “influencers” sin ningún tipo de preparación, para que emitan mensajes “estupidizantes” que buscan hacerse “virales”, sin importar qué tan edificante pueda ser el contenido.
Antes de las redes, sólo personas preparadas podían tener un programa de TV o radio; ahora, proliferan los piratas que, sin ningún tipo de conocimiento, hacen programas “en vivo” para decir cualquier sarta de barbaridades, dar consejos traídos de los cabellos, o resaltar las bondades del apio con información sacada de alguna revista, en fin, caras y caras de narcisistas hablando de cualquier cosa.
Aparte de esto, en las redes encontramos cualquier cantidad de grupos de gente trastornada, haciendo revoluciones, conjuras, atentados, dibujando realidades virtuales que sólo existen en esa burbuja y que nada o poco, tienen que ver con la realidad de lo que está ocurriendo en la calle.
En el mejor de los casos, se accede a información que, aún teniendo ribetes de veracidad, se encuentra manipulada o distorsionada.
Algunos medios de comunicación, gracias a las redes, han caído en el facilismo. No hacen una labor periodística completa, se limitan a sacar un titular con una frase que algún personaje hizo en su red, y luego colocan la copia del post, pero ni siquiera se molestan en llamar al personaje para que les amplíe la información.
Los retos virales que han provocado graves accidentes entre adolescentes, son otro caso más que se suma a la sarta de barbaridades de las redes.
Los medios de comunicación han sufrido de problemas económicos, ya que los anunciantes cada vez invierten menos, porque creen que es mejor anunciarse gratis en las redes, creando sus propias cuentas.
Esas redes crean mecanismos tramposos con sus algoritmos, para evitar que los mensajes de los usuarios lleguen a un gran número de personas, por eso, realmente, la publicidad en un medio de comunicación tradicional, es mucho más efectiva que en las redes.
Pensamos que la reacción de defensa ante esta “maraña” comunicacional que son las redes sociales, debe venir de parte de medios de comunicación serios, que utilicen el internet para informar veraz y eficazmente a la población.
Que los grandes periódicos den mayor impulso a sus portales, que la gente, en lugar de acudir a las redes, acuda a la lectura de medios de información. Está bien que los medios de comunicación tengan sus cuentas en las redes para captar lectores, pero que no se valgan de las redes para hacer sus contenidos, que sus periodistas investiguen, vayan a las fuentes directas.
Estos medios deberían hacer una campaña conjunta para incentivar al público a que busque en internet a los medios de comunicación profesionales, destacar la profesión del periodista, impulsar campañas de captación de publicidad, en fin, una reacción poderosa para hacer crecer su presencia en internet y desenmascarar a las redes sociales, que se han convertido en un caldo de cultivo de antivalores en nuestra sociedad.
