Cronista, novelista, dramaturga y ensayista: Elisa Lerner dejó un gran aporte en cada género del que se ocupó dentro de las letras venezolanas. Este domingo falleció en Caracas
Falleció, a los 92 años, la escritora Elisa Lerner. Hay consenso en calificarla como una voz fundamental en las letras venezolanas no solo en narrativa, sino también en la crónica, el ensayo y la dramaturgia.
Hija de emigrantes rumanos y nacida en Valencia el 6 de junio de 1932, a temprana edad ya sabía lo que quería hacer: «A los once años», le respondió a Milagros Socorro en una entrevista a la pregunta de cuándo había comenzado a escribir: «A esa edad mi padre me regaló unos zapatos muy lindos, abiertos en la punta y adornados con una trenza que remataba en un lazo. Me pareció que aquéllos eran zapatos de escritora y así se lo dije a mi padre: «Papá», le dije, «estos son zapatos de escritora. Ya estoy armada para ser una escritora». Y a él le pareció muy bien. Poco después me compraron papel, muchas plumas y una máquina de escribir. En mi infancia escribí tres poemas con un tema muy doloroso: mi mamá se enfermó gravemente cuando dejó de recibir noticias de Europa. A los dieciséis escribí un libro de relatos que tituléLa ciudad del lucroy que luego extravié no sé si en una mudanza o en un interrogatorio de la Seguridad Nacional».
En el vasto silencio de Manhattan(1961),El país odontológico(1966), Una sonrisa detrás de la metáfora(1969),Yo amo a Columbo(1979), Carriel número cinco(1983),Crónicas ginecológicas(1984),Así que pasen cien años(2016),Sin orden ni desconcierto. Homenaje pospuesto a Virginia Woolf(2022), En el entretanto(2000),De muerte lenta(2006) yLa señorita que amaba por teléfono(2016) son algunos de sus libros publicados en diversos géneros en los que consolidó una obra por la que obtuvo reconocimientos, incluyendo el Premio Nacional de Literatura en 1999.
En aquella entrevista, del 6 de abril del año 2000, esto le dijo a la periodista sobre el oficio de escribir: «Una nunca está completamente segura con la escritura. Lo más que puede estar es segura de la felicidad que proporciona el acto de escribir. Pero sí, ahora me siento más a gusto que antes al escribir. Yo soy una persona de un solo talento: la escritura. Hay personas encantadoras y la gente comenta qué maravilla son: ella hace unas tortas fabulosas, cómo recibe, qué bien se viste, qué hijos tan perfectos tiene, siempre se ve estupenda… y yo voy a la peluquería y las empleadas me dicen: caramba, pero usted no sabe ni cepillarse bien el pelo. No sé cocinar. Nunca recibo en mi casa. Tengo, pues, un mínimo e inservible talento que me ha salvado de ser una hojalatera más».
Residenciada en Caracas la familia Lerner, Elisa creció en la urbanización San Bernardino, a los 18 años publicaba en la revista Mi Film y se graduó como abogada en la Universidad Central de Venezuela.
Vía El Estimulo
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