Por: Pedro González Silva

Elecciones 1958: El regreso de Rómulo Betancourt

La Carta Magna aprobada por la Constituyente del 52, que contaba con mayoría “forzada” de los partidarios del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, establecía elecciones presidenciales cada cinco años, por lo que ya para el 57, los partidos de oposición, o más bien, en resistencia, debatían si participar o no en esos comicios.

Sin embargo, la dictadura, saltándose lo que establecía la Constitución, convocó a un plebiscito para determinar si Pérez Jiménez continuaba, o no, en la Presidencia. Tal consulta se celebró el 15 de diciembre del 57, y por supuesto, la ganó en forma apabullante el dictador, con un 86,7% de los votos.

Sin embargo, el final del régimen era inminente y su caída se hizo efectiva el 23 de enero de 1958. A partir de esa fecha, queda al frente del gobierno, una junta encabezada por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, y cuya principal misión sería regir los destinos del país por un corto período, pues para diciembre de ese mismo año, serían convocadas las elecciones presidenciales.

Regresaron del exilio los líderes de los tres partidos más importantes del país: Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (Copei), así como también el líder del PCV, Gustavo Machado.

En busca de lograr la estabilidad política, los tres primeros partidos (fue excluido el PCV) firman el llamado Pacto de Punto Fijo, que estableció un acuerdo mínimo de gobernabilidad y la integración de un gobierno de unidad, independientemente de quien ganara los comicios.

Los partidos debatieron sobre la posibilidad de lograr un candidato de unidad nacional, pero finalmente, AD y Copei, se inclinaron por presentar las opciones presidenciales de sus respectivos líderes: Rómulo Betancourt y Rafael Caldera.

En cambio, Jóvito Villalba, a pesar de que contaba con un gran liderazgo que se creció con el triunfo electoral del 52, desaprovechó la oportunidad de recoger esos frutos, e insistió en buscar una opción independiente, por lo que finalmente ofreció el apoyo de URD a Wolfgang Larrazábal, que, como presidente interino, gozaba de gran aceptación en el electorado.

Larrazábal acepta la candidatura presidencial, y renuncia a la presidencia interina, por lo que Edgard Sanabria asume la primera magistratura.

Quedan así definidas tres candidaturas presidenciales, para las elecciones del 7 de diciembre de 1958: la de Rómulo Betancourt (Acción Democrática) ex presidente de la Junta Revolucionaria de Octubre del 45, y que ahora aspiraba llegar a la presidencia por el voto popular.

Con el apoyo principal de URD, al que se suman el Partido Comunista de Venezuela (PCV), y una pequeña organización: MENI, es presentada la candidatura independiente de Wolfgang Larrazábal, ex presidente de la junta de gobierno del 58.

Y finalmente, Rafael Caldera, líder de Copei, insistió con una segunda candidatura (ya se había postulado en 1947), y esta vez recibió el respaldo de dos pequeños partidos: Integración Republicana (IR) y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST).

La campaña electoral determinó una polarización entre Betancourt y Larrazábal: ambos eran vistos con opción de triunfo. La fuerza de Larrazábal se hacía sentir más en las grandes metrópolis como Caracas, y eso daba un ambiente muy favorable de posible triunfo para Larrazábal.

El voto a favor de AD en cambio, estaba en aquellos apartados rincones del país, caseríos, pueblitos, la Venezuela profunda, que tal vez se hacía sentir menos en el día a día, pero que, a la hora de votar, era una maquinaria demoledora.

La consigna principal de Acción Democrática en el 58, fue “Contra el miedo, vota blanco”. Este lema buscaba contrarrestar el temor de que, si ganaba AD, habría un nuevo golpe de Estado, ya que las relaciones entre este partido y los militares, eran tensas.

Mientras Rómulo destacaba por sus frases poco comunes y algo rebuscadas, Wolfgang hacía gala de su carisma personal y una presencia atractiva. URD recordaba al electorado que “para votar por Wolfgang se necesita una amarilla grande”.

Caldera, por su parte, comenzaba a utilizar el lema del cambio; “Caldera es el cambio”, decían sus afiches, y este lema le rendiría frutos, pero mucho más adelante.

Finalmente, se efectuaron los comicios el 7 de diciembre, y para sorpresa de muchos, se impuso por amplio margen Rómulo Betancourt, con 1.284.092 votos (49,18%); Wolfgang Larrazábal obtuvo 903.479 votos (34,61%), y Rafael Caldera: 423.262 votos (16,21%).

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