Crónicas para armar

Por: Juan J. Prieto L.*

 Iba lento, con la mirada perdida en el sopor de las doce del día. Su terco andar con el bastón no se acompasaba con el ahogo de unas monedas empuñadas en la mano derecha.

Llevaba puesta una gruesa chaqueta, como si tuviera un frío infinito, pero la calle agonizaba a más de treinta grados. Allí mismo un perro se revolcaba en un pozo de agua brotando de alguna rotura.

*Periodista

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