Por Pedro González Silva

La primera campaña electoral en tiempos de caudillismo

Iniciamos esta sección especial para El Diario La Faena, en donde nos proponemos llevar a nuestros lectores, diversas anécdotas relacionadas con las campañas electorales presidenciales en Venezuela, y fundamentalmente de la Venezuela contemporánea.

Estas anécdotas electorales las realizaremos tomando en cuenta la etapa en la que en nuestro país se instauró el voto universal, directo y secreto. Esto ocurrió luego de la llamada “Revolución de Octubre” de 1945, cuando el partido Acción Democrática en alianza a los militares, derrocó al presidente Isaías Medina Angarita.

A partir de ese momento, el voto universal quedó establecido definitivamente; incluso, en la etapa dictatorial de Marcos Pérez Jiménez, también se realizaron elecciones en las que la población pudo participar masivamente.

Anteriormente, las elecciones eras de segundo grado. El pueblo podía elegir diputados (y no todo el pueblo; las mujeres y los analfabetos, no podían), y luego los diputados eran los que elegían al presidente de la República.

Sin embargo, antes de la Revolución de Octubre, hubo un “experimento constitucional”, en donde se estableció el voto universal, directo y secreto, y esto ocurrió en 1897, cuando el país fue testigo de la primera campaña electoral presidencial masiva, en plena etapa del caudillismo militar.

En las elecciones presidenciales de Venezuela de 1897 se presentaron 27 candidatos, de los cuales 20 eran generales y 7 eran civiles. Bajo el segundo mandato presidencial del caudillo Joaquín Crespo, se promulgó en 1893 una nueva Constitución, que estableció el voto universal, directo y secreto, tanto para elegir Presidente de la República, y los miembros del Congreso.

El candidato “oficialista”, y que por lo tanto contaba con el apoyo del presidente Joaquín Crespo, era Ignacio Andrade. Del lado opositor, destacó como favorito el general José Manuel Hernández, conocido popularmente como el “Mocho Hernández”.

Las aspiraciones del Mocho ya venían desde hace tiempo, incluso, había sido candidato presidencial en una elección de segundo grado en 1891, donde compitió contra José Martínez Mayz, favorito del presidente de aquel momento, Raimundo Andueza.

Luego de esas elecciones que “ganó” Martínez Mayz, el Mocho cantó fraude, y el presidente Andueza atendió su reclamo y anuló su elección. Pero no hubo oportunidad de repetir los comicios, pues al poco tiempo, Joaquín Crespo depuso a Andueza.

El Mocho siguió enfocado en sus aspiraciones presidenciales, y aprovechando el cambio de Constitución que estableció el voto universal, viajó a Nueva York para aprender temas de “marketing” electoral, y regresó dispuesto a aplicar lo aprendido en las elecciones de 1897.

El Mocho aplicó todas las estrategias para una campaña electoral moderna: colocar afiches, crear uhn slogan de campaña, un jingle, y realizar giras y mítines por todo el país. El Mocho se convirtió en un verdadero fenómeno electoral.

Por su parte, el general Ignacio Andrade, impuesto por el presidente Joaquín Crespo, ni siquiera contaba con el apoyo de la mayoría de los líderes de su propio partido. Solo dependía del prestigio del caudillo que gobernaba, quien utilizó todo el peso de su influencia para tenerlo como sucesor.

Aunque el presidente Crespo garantizó en principio el respeto al libre desenvolvimiento de la propaganda electoral durante el año de 1897, a medida que fue aproximándose el tiempo de las elecciones, se comenzaron a producir denuncias de parte de los candidatos de la oposición sobre la presión del sector gubernamental sobre sus partidarios.

Es así como José Manuel Hernández señaló que muchas de las concentraciones a favor de su candidatura fueron obstaculizadas por el gobierno mediante maniobras tales como la recluta, hecho que de alguna manera inhibió la libre participación de la población en el proceso electoral.

La popularidad del Mocho creció en el interior del país, al ser un personaje mucho más carismático que el candidato oficialista, por lo que el presidente Crespo, el día de la votación, mando a ocupar las mesas electorales por «hombres de campo que llevaban el machete bajo la cobija», garantizándole el triunfo a Andrade.

Se les ordenó que solo dejaran sufragar a quienes les indicaran sus supervisores. Por consiguiente, solamente llenaron las papeletas los ciudadanos señalados por los inspectores que en cada lugar cumplían con la misión de lograr una victoria “purificada”.

Posteriormente, el Congreso reunido el 1 de febrero de 1898 declaró Presidente de los Estados Unidos de Venezuela al oficialista Ignacio Andrade.

Las plazas y centros de votación se percibieron militarizadas ese día con hombres armados con machetes. Cuando José Manuel Hernández acudió a su centro de votación, le fue impedido ejercer el derecho al voto.

Los resultados electorales arrojaron 406.610 votos para Andrade (99,34%), y 2.203 para el “Mocho” (0,54%).

También participaron como candidatos los ex presidentes Juan Pablo Rojas Paúl y Antonio Guzmán Blanco, así como Pedro Arismendi, Nicolás Rolando, José Antonio Velutini, entre otros, con votaciones muy exiguas, que no sobrepasaban los 200 votos.

starpetrvs@gmail.com

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