No engañen al pueblo
Pedro González Silva
Seguramente al leer el título de este artículo, muchos pensarán que va dirigido a los políticos, pero en este caso, no es así. Esta vez, el mensaje va dirigido al sector empresarial, y muy especialmente, en este momento, a los fabricantes de harina de maíz precocido.
Para los venezolanos, este producto es de vital importancia, es la materia prima con la que se prepara el alimento más emblemático del venezolano, como lo es la arepa.
Cuando estalló la crisis económica del año 2017-2018, la escasez de este producto provocó larguísimas colas para poder comprarlo, y apareció el fenómeno del “bachaqueo”. Gracias a Dios se pudo superar esta situación.
Nuevamente apareció el producto en el mercado, y los venezolanos pudieron comprar sus paquetes de harina de maíz a un precio accesible. Se tuvo que llegar a acuerdos entre empresarios y Gobierno para lograr que el precio fuera pagable para la población.
A raíz de esto, las diversas marcas conocidas de harina de maíz, comenzaron a vender sus productos con ciertas alteraciones. Esto no es un estudio científico, es la percepción que tenemos muchos consumidores, y hemos notado que la arepa no queda igual a la de antes.
Aquí no vamos a caer en el tabú de no mencionar marcas, es necesario hacerlo, pensamos que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Harinas como la “PAN”, “Lucharepa” y “Juana”, entre las más conocidas, ya no son lo que eran antes.
La masa que se prepara con estas harinas, ya no queda blanca como antes, sino grisácea. La suavidad de la masa se ha perdido. Las arepas quedan cuarteadas, se parten cuando se les pasa el cuchillo para echarles el relleno.
Y no vengan con el argumento de que hay que saberlas preparar; muchos las han hecho con las medidas correctas y el protocolo adecuado, y quedan igualmente acartonadas. La sensación que se tiene es que la arepa de antes ha desaparecido.
Ahora bien, ha ocurrido algo en el mercado bien interesante. La marca “Mary”, que tradicionalmente vende arroz, ha lanzado recientemente su harina de maíz precocido, y la sorpresa es que esta harina, parece contener la fórmula de antes, la tradicional; la masa queda blanquita y suave, y las arepas quedan como las arepas de antaño.
Esto no es un publirreportaje, es el testimonio de un consumidor que a la vez es vocero de otros consumidores que tienen la misma percepción, y hay que decirlo, porque los fabricantes de harina de maíz deben ser honestos y no adulterar sus productos en aras de abaratar costos. Ellos tienen una responsabilidad con el consumidor.
Curiosamente, no diría que “casualmente”, las demás marcas de harina de maíz han bajado sus precios, luego de la aparición de la nueva marca. Eso está bien desde el punto de vista de la competencia, y de la oferta y la demanda.
Lo que tampoco nos parece que está bien, y podemos catalogar de “guerra sucia”, es la confabulación con algunas grandes cadenas de supermercados, para “invisibilizar” el nuevo producto y “meterle por los ojos” al consumidor, la marca tradicional.
Es así como en varios supermercados, dejan de vender la nueva marca, o la esconden, mientras que las marcas tradicionales las ponen en exhibición en grandes torres, casi que a la entrada del establecimiento.
Esperemos que, por su parte, la nueva marca reaccione y haga valer sus derechos, y que los consumidores que desean adquirir ese producto, reclamen a los establecimientos que lo ocultan.
Igualmente esperamos que las marcas tradicionales tomen conciencia y vuelvan a fabricar un producto de calidad; muy bien si bajan los precios, pero por favor, devuelvan al venezolano su arepa tradicional.
